Noah sentía mucho cariño por Paz. Cuando estaba con ella, aunque tampoco hablaba mucho, cada vez que Paz le hacía alguna pregunta, él respondía seriamente.
Siempre con unas pocas palabras breves.
Los tres adultos —Brisa, Rafael y Felipe— observaban desde afuera, sintiendo que la imagen de los dos niños juntos era muy hermosa y reconfortante.
—Es increíble. He cuidado a Noah durante dos años, y aparte de nuestro jefe, esta es la primera vez que lo veo dispuesto a acercarse voluntariamente a alguien.
—¿No será porque mi niña es demasiado adorable? —Rafael arqueó las cejas, muy orgulloso—. En el jardín es la niña más popular.
Al escuchar esto, Brisa sonrió.
—Qué afortunado eres, tener una hija tan adorable. Tu esposa debe ser una muy buena persona, ha criado muy bien a Paz.
Rafael se aclaró la garganta.
—Ella no es mi hija biológica, es mi ahijada.
—Ah, ya veo... —Brisa también se sintió un poco incómoda y rápidamente cambió de tema—. Si Noah pudiera tener a su lado una compañerita tan adorable como Paz, su condición mejoraría muchísimo.
—¿También viven en Solador? —preguntó Felipe.
—El lugar de origen de mi jefe es Solador, pero emigró a Kalahari. Esta vez trajo a Noah para honrar a sus ancestros, probablemente regresemos en unos días.
Felipe asintió.
—Entonces no hay nada que hacer.
Brisa suspiró con resignación.
—Sí, es una verdadera lástima.
Rafael les tomó fotos y grabó videos a los dos niños.
El carrusel se detuvo.
Rafael y Brisa se acercaron para bajar a los niños.
Después, los tres adultos y los dos niños, se divirtieron en el parque de diversiones.
Jugaron hasta el atardecer, cuando el sol se ponía en el horizonte.
Paz tomó la mano de Noah sin querer soltarla.
—Noah, ven a cenar a mi casa esta noche. ¡Hoy es mi cumpleaños! ¡El pastel que hace mi mamá es delicioso!
Noah se sintió muy tentado, pero no sabía si podía.
Levantó la cabeza para mirar a Brisa, con los ojos llenos de expectativa.
Ella se agachó y le acarició la cabeza.
—Noah, lo siento mucho, pero no puedo tomar esa decisión.

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