Envió el mensaje, pero nadie respondió por un buen rato.
Andrés: [¿En serio? Apenas son las once y algo, no me digan que ya están dormidos].
Esperó unos cuantos segundos...
Mariana: [Andrés, no sigas usando ese tipo de palabras despectivas contra la señorita Núñez].
Andrés: [¿Qué dije mal? Recién la vi en Exclusivo con Gabriel y ese grupo de hijos de papá malcriados, ¡y en un abrir y cerrar de ojos ya está cenando con Rafael!]
Mariana: [Esa es la libertad personal y privacidad de la señorita Núñez, no está bien que hables de ella a sus espaldas].
Andrés hizo una fea mueca y respondió: [Mariana, es que Santiago te protege demasiado, no tienes idea de que algunas mujeres en este mundo pueden usar cualquier tipo de método para ascender socialmente. Con tal de lograr sus objetivos, ¡no tienen límites!]
Mariana: [Andrés, si sigues hablando así, me voy a enojar].
Andrés suspiró, resignado. ¿Acaso estaba mal lo que decía? ¡Valeria ya había sido fotografiada con Santiago, y Mariana aún podía decir cosas tan ingenuas! Andrés estaba bastante molesto, sentía que Mariana era demasiado tonta.
¿De verdad creía que él quería prestarle atención a Valeria? Aunque Valeria, efectivamente, era muy guapa, no era su tipo. Si no fuera porque pensaba en Mariana, Andrés no perdería tiempo prestándole atención a ella.
Lástima que Mariana haya sido tan mimada por Santiago que era demasiado ingenua, ¡no tenía ni pizca de sentido de crisis!
Andrés miró de reojo hacia donde estaba Valeria. No sabía qué le había dicho Rafael, pero ella sonrió. Ella era bella, era esa clase de belleza que no tenía ni pizca de agresividad, pero poseía un encanto único.
Andrés se quedó absorto mirando, su nuez de Adán se movió de forma involuntaria...
—¡¿Qué estás mirando?!
Su novia siguió atenta su mirada y al ver a Valeria, se molestó enseguida.
—¡Andrés, te estás pasando de la raya! ¡Yo estoy aquí y aún así te atreves a mirar a otra mujer!
Andrés se enfadó. —¡No entiendes nada!
—¡Andrés! —su novia tiró los cubiertos furiosa—. ¡¿Por qué me gritas?! ¡Solo te dije una cosa y ya no se puede! ¡Discúlpate conmigo ahora mismo, si no me enojo!
—¿Y qué si te enojas? ¡No tengo ganas de consolarte!
Andrés se levantó con desprecio. —Ya me aburrí, terminemos.
Su novia quedó inmóvil, mirándolo, incrédula. —¿Qué dijiste?
—No me gustan las mujeres dramáticas —Andrés encendió un cigarrillo, lo puso entre sus labios con actitud arrogante—. Pensé que mi interés en ti duraría al menos un mes, parece que te sobrestimé demasiado.

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