Dos horas después, Rafael terminó el suero y se sintió mucho mejor. El doctor sugirió hospitalizarlo, pero él se negó. Al final, el doctor le recetó algunas medicinas y le recomendó mantener una dieta ligera los próximos días.
Cuando Valeria fue a recoger las medicinas, Santiago la llamó. Fueron tres llamadas consecutivas y ella no contestó ninguna. Entonces, Santiago le envió un breve mensaje.
[Nicolás te extraña].
Valeria miró el mensaje, dudó por unos segundos y le devolvió la llamada. Se conectó con rapidez y se escuchó la voz emocionada del niño. —¡Mamá!
Valeria habló con dulzura. —Nicolás, ¿te has portado bien?
—¡Sí me he portado bien, pero mamá, ya llevas varios días sin llamarme! —Se quejó con tristeza—. ¡Dijiste que aunque estuvieras de viaje me llamarías y harías videollamadas seguido!
—Lo siento, Nicolás, he estado muy ocupada estos días.
—¡Hmph! —Nicolás estaba muy descontento—. Mamá, antes nunca eras así, aunque estuvieras muy ocupada con el trabajo nunca me olvidabas. ¿Acaso ya no me amas como antes?
Los problemas constantes ya tenían a Valeria abrumada, pero pensando que, efectivamente le había prometido a Nicolás, tuvo que consolarlo.
—Nicolás, lo siento, te amo igual que siempre, solo que estos días no he podido sacar tiempo para videollamadas contigo.
—Papá también está muy ocupado, es un abogado súper importante, pero él viene todos los días al hospital a acompañarme. Mamá, ¿tu trabajo es tan importante como el de papá? ¡¿Cómo puedes estar tan ocupada que hasta te olvidas de tu propio hijo?!
Valeria apretó con dolor los labios y frunció ligeramente el ceño. Aunque el niño era pequeño y no entendía, escuchar a Nicolás hablarle así la molestó un poco.
Antes él nunca le habría dicho todas esas cosas. Durante los primeros días en el taller, estaba tan ocupada que se mareaba, algunas veces se enfermaba de cansancio y tenía que dejar inevitablemente a Nicolás con los Rodríguez.
En ese entonces, aunque a Nicolás no le gustaba ir con los Rodríguez, el pequeño era muy comprensivo y le prometía que se portaría bien con la abuela, y le pedía que descansara bien y se cuidara antes de ir a recogerlo...
Ahora Nicolás parecía diferente.
—¿Mamá? —Como Nicolás no escuchó a Valeria hablar, se enojó un poco—. ¡¿Mamá, me estás escuchando o no?!
—Sí te estoy escuchando —Valeria reaccionó, algo resignada—. Nicolás, pórtate bien, te llevaré un regalo cuando regrese.
—¡No me importan los regalos! —dijo Nicolás—. ¡Lo que más extraño es la comida que cocinas, mamá! ¡Estos días no he podido comer tu comida y no estoy nada feliz!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás