Las palabras de Nolan resonaban en su cabeza. «Agradécele a Scarlett». ¿Habría aceptado hacer la cirugía únicamente por ella? Todavía le estaba dando vueltas cuando las puertas del ascensor a sus espaldas se abrieron. Maria salió, con Vanessa a su lado.
En cuanto se separaron las puertas, la niña corrió hacia adelante.
—Papi...
Se lanzó contra Vincent y le rodeó la pierna con ambos brazos.
Él bajó la vista y le acarició el pelo con suavidad.
—¿Qué pasa?
Vanessa solía colgarse de Sabrina. Esta vez había corrido directo hacia él. Percibiendo que algo andaba mal, Vincent se agachó y le tomó la mano. Y entonces vio el moretón en el dorso.
—Vanessa. Cuéntale a papá cómo pasó esto.
Su expresión cambió: la preocupación se le filtró en el rostro.
Sabrina echó un vistazo a la mano de la niña y le lanzó una mirada a Maria. Esta, al oír la pregunta de Vincent, respondió enseguida:
—Se cayó.
Vincent no la miró. Mantuvo los ojos en su hija.
—¿Es cierto eso?
Vanessa asintió, con la carita contraída en algo que parecía culpa.
—Sí. Fue mi culpa. No estaba mirando por dónde iba.
A Vincent se le tensó la mandíbula. Le tomó la mano con delicadeza.
—Deja que papá te la sople.
Vanessa se la extendió. Él sopló con suavidad sobre el moretón.
—¿Te duele?
Ella asintió.
—Sí.
Tenía los ojos húmedos.
Vincent la atrajo hacia sus brazos y le frotó la espalda en círculos lentos. Vanessa apoyó la cabeza en su hombro, con la voz pequeñita.
—Papi, ¿cuándo podemos volver a casa?
Él se apartó un poco para mirarla.
—¿Extrañas a mamá?
Vanessa negó con la cabeza.
—Extraño la escuela.
Vincent le tomó la cara entre las manos.
—Volvemos pasado mañana. A primera hora.
Por fin la niña sonrió.
—Bueno. Hoy quiero dormir con papá.
Vincent no lo dudó.
—Está bien.
Normalmente la habría hecho dormir sola o con Sabrina. Esa noche no se negó.
Mientras él consolaba a Vanessa, Sabrina se volvió hacia Maria y dijo en voz baja:

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