—Papi, primero respóndeme.
Vincent lo pensó un momento.
—Sí.
Si no se divorciaba de Scarlett, tal vez habría considerado tener otro hijo. Pero si se divorciaban, no quería que Vanessa creciera con un medio hermano.
Ella escuchó la respuesta e insistió.
—¿Y Sabrina? ¿Ella no va a tener un bebé de papá?
—Le tiene miedo al parto. Así que no.
Vanessa respondió sin demasiado entusiasmo.
—Ah.
Vincent se giró de costado y le miró la carita.
—¿Qué pasa? ¿Estás triste?
Ella hundió el rostro en su pecho, con la voz amortiguada.
—No. Solo preguntaba.
Le había escuchado decir a Maria que algún día Sabrina tendría dos hijos más con papá. Que ella quedaría de sobra. Que nadie la querría nunca más. Por eso había preguntado.
Un rato antes, en el baño, se había visto los moretones del cuerpo después de bañarse. Las lágrimas no le paraban. Y en ese momento, de pronto, extrañó a Scarlett. «Ojalá mamá estuviera aquí».
…
Después de llamar a Vincent y escucharlo aceptar sin titubeos que estaría a tiempo, algo en el pecho de Scarlett se aflojó.
No lograba dormir en la habitación del hospital, así que decidió salir a tomar aire. Pero apenas llegó a la entrada del vestíbulo de emergencias, casi se lo lleva por delante a Luke.
Al verlo, el color se le fue de la cara.
—¿Cómo es que...?
Antes de que pudiera terminar, él la cortó, con la voz llena de arrogancia.
—¿Cómo es que qué? ¿Cómo es que salí? No te olvides: soy un Stewart. Pase lo que pase, mi hermano siempre está ahí para limpiar mis desastres.
Scarlett se quedó paralizada, pálida.
—Pero lesionaste a alguien deliberadamente. Las pruebas son sólidas. No hay manera de que simplemente...
Luke sonrió con desprecio.
—¿No hay manera? Y sin embargo aquí estoy, parado justo enfrente de ti. ¿Qué pasa? ¿Te decepciona verme afuera?
La voz de ella bajó, afilada.
—Luke. Estás enfermo.

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