El carro de Marco se detuvo al borde de una calle flanqueada por sicómoros.
El corazón de Soraya latía acelerado. Contuvo la respiración al ver a Marco bajar y caminar hacia una silueta en la acera.-
Era una mujer de figura esbelta con un vestido blanco y el cabello suelto sobre los hombros.
Estaba parada junto al camino, como si esperara a alguien.
Cuando Marco se acercó, le dio unas palmaditas suaves en el hombro.
La mujer se giró y, con total naturalidad, se colgó del brazo izquierdo de Marco.
Marco no la rechazó; al contrario, extendió la mano y le acarició el cabello con cariño.
El cuerpo de Marco bloqueaba la vista de Soraya, por lo que no podía ver el rostro de la mujer.
El corazón de Soraya se hundió.
Sus dedos se aferraban con fuerza al borde del asiento.
Soraya repasó mentalmente a todos los parientes y amigos de Marco, y no recordaba a ninguna mujer así.
Luego vio a Marco poner la mano sobre el marco de la puerta para protegerle la cabeza mientras la mujer se inclinaba levemente y subía al asiento del copiloto.
Una vez que ella subió, Marco cerró la puerta, rodeó el auto y se sentó al volante.
Era la primera vez que veía a Marco tan tierno y considerado; su expresión habitualmente fría se transformaba en una sonrisa cálida frente a esa mujer.
Resulta que no es que no supiera sonreír, es que no sonreía para ella.
El carro arrancó y Marco desapareció de su vista junto con la mujer.
—Señorita, ¿los seguimos? —preguntó el chofer al ver que el auto se alejaba.
En ese momento, Soraya sintió un dolor agudo en el bajo vientre y le brotó un sudor fino en la frente. Se cubrió el estómago y escupió unas palabras entre dientes:
—Al hospital.
***
—Paty, ahora que estás embarazada, el doctor dijo que debes descansar. Si se te antoja algo, pídele a la empleada que te lo prepare.
—Gracias, Mar. —Patricia se acarició el vientre y sonrió con dulzura—. Bebé, tienes que portarte bien.
Patricia levantó la barbilla y miró a Marco con ojos tiernos.
Intercambiaron una mirada cargada de afecto y sonrieron, acercando aún más sus cuerpos.
Soraya, al verlos tan acaramelados, sintió como si le hubieran dado infinitas bofetadas en la cara.
Justo antes de que pasaran junto a ella, Soraya se escondió rápidamente a un lado.
No entendía de qué tenía miedo; el que engañaba era Marco, pero ahora sentía como si fuera ella la que hubiera hecho algo malo.
O tal vez temía que Marco la descubriera y que sus sentimientos de diez años se convirtieran en una broma.
Las dos siluetas pasaron detrás de ella.

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