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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 13

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Cualquiera con un poco de sentido común habría entendido el mensaje.

Damián le estaba exigiendo a Bianca que le cediera su lugar a Melisa para que esta pudiera sentarse a su lado.

Al escucharlo, Melisa se quedó de pie frente a Bianca, esperando a que se levantara.

Su actitud era de lo más natural, como si Bianca le hubiera robado un asiento que le pertenecía por derecho divino.

Bianca mantuvo un rostro inexpresivo, con la mirada clavada al frente. ¡Ella no le debía nada a nadie!

—¿Estás sorda? Te dijo que te levantes y le des el asiento —exigió Romeo con tono gélido al ver que la sala empezaba a llenarse.

A Bianca todo aquello le pareció un mal chiste.

—Si necesitan ajustar sus lugares, el señor Figueroa y usted pueden ir a buscar a los organizadores junto a la señorita Serrano. Este es mi asiento y llegué primero. ¿Por qué tendría que cederlo?

Damián arqueó una ceja y clavó su mirada en Bianca.

Ella podía sentir el peso de ese escrutinio sobre su piel.

Era la mirada de alguien acostumbrado a estar en la cima. Con un simple vistazo, sin necesidad de palabras, su presencia imponía una presión asfixiante.

Le temía. Muy en el fondo, sentía un miedo instintivo hacia él y hacia el poder absoluto que representaba.

Pero, ¿por qué tenía que seguir cediendo una y otra vez? Faltaba muy poco para que dejaran de ser algo.

Bianca alzó la vista y le sostuvo la mirada de frente.

Los ojos de Damián se volvieron glaciales. Ella sabía que era la antesala de su ira.

En ese momento, Melisa intervino con voz dulce:

—Damián, no pasa nada. Es solo un asiento, que se lo quede. No vale la pena que te enojes por alguien que no tiene nada que ver con nosotros, ¿sí?

Al pronunciar 'alguien que no tiene nada que ver', Melisa miró de reojo a Bianca.

Siempre había sabido de su existencia, pero no fue hasta el día en que golpearon a Bárbara Figueroa que le prestó verdadera atención.

Nunca imaginó que fuera... alguien así.

Melisa miró a esa mujer encorvada, con el rostro hinchado y cubierto de manchas, y decidió que no valía la pena rebajarse a su nivel. Incluso se atrevió a sonar magnánima:

—Con tu embarazo, no deberías andar de un lado para otro, lo más importante es el bebé. Si tanto te gusta la tecnología, cuando cierre mi proyecto, puedes venir a ayudarme como asistente. Yo te enseño.

—No es necesario. Mejor preocúpese por sus propios asuntos, señorita Serrano —respondió Bianca, sabiendo perfectamente el oscuro motivo detrás de esa falsa preocupación.

Todo era porque Melisa quería ser madre sin pasar por el proceso.

Además, ¿qué tan ridículo sonaba eso de 'es solo un asiento, que se lo quede'?

—Por cierto, este lugar es mío por derecho, aquí no hay nada que ceder. Le recuerdo que las cosas funcionan por orden de llegada y los boletos lo dicen claramente. Asumo que sabe leer, señorita Serrano.

Melisa se quedó helada. Romeo estaba a punto de estallar en su defensa, pero ella le puso una mano en el hombro, se sentó y le susurró mientras negaba con la cabeza:

—Déjalo. Está embarazada, no te desgastes. El complejo de inferioridad hace que la gente se vuelva grosera. Seamos nosotros los maduros y dejémoslo pasar.

Romeo se contuvo, pero fulminó a Bianca con la mirada antes de decirle a Melisa:

—Tu único defecto es ser demasiado buena y querer quedar bien con todos.

Melisa sonrió restándole importancia, cruzando miradas con Damián por encima de Bianca.

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