Damián solo la miró de reojo, no contestó. Se dio media vuelta, avanzó con grandes zancadas y bajó las escaleras cargando a Bianca en brazos.
Al verlos bajar, la abuela notó que algo andaba mal en sus rostros.
No pudo evitar preguntar:
—¿Se volvieron a pelear?
Por el tono de su voz, era evidente que la anciana ya estaba contemplando la idea de acabar con Melisa.
Bianca sollozó, incapaz de pronunciar una frase coherente.
Damián respondió por ella:
—Algo les pasó a su padre y a Enzo. Voy a llevarla para allá de inmediato.
Perla Figueroa frunció el ceño y comentó sin pensar:
—¿Y qué importa tanto? Que baje caminando sola, ¿por qué la tienes que llevar cargando? Tampoco es que esté paralítica y no se pueda mover.
Solo estaban montando una escenita frente a la abuela, ¿de verdad era necesario llegar a tanto?
Apenas terminó de hablar, volteó y vio a la abuela mirándola con una expresión oscura.
Perla forzó una sonrisa al instante, intentando decir algo para arreglarlo, pero escuchó a la abuela exclamar:
—¡El padre de Bianca y su hermano se suicidaron!
Perla se quedó paralizada. Incluso Don Severiano se puso de pie de un salto.
Don Severiano preguntó:
—¿Qué pasó? ¿Por qué fueron tan impulsivos?
La anciana temblaba de furia:
—Una familia tan buena, de principios tan firmes... Si no se hubieran visto acorralados, ¡nunca habrían hecho algo así! ¡Una muchacha criada con esos valores jamás drogaría a alguien por despecho ni se metería en su cama! Ella lo explicó tantas veces, ¡y nadie le creyó! ¡Ella también es una víctima!
En medio de la conmoción, nadie notó que Perla apartaba la mirada, sintiéndose culpable.
La abuela, muy angustiada, ordenó que prepararan un auto de inmediato y siguió despotricando:
—En cambio, ¡esa Melisa Serrano que tanto adoran es una buscona que se arrastra para ser la amante! ¿Qué hija de buena familia haría algo así? ¡Cualquiera que haya recibido un mínimo de educación no permitiría que su hija anduviera de amante! ¡Su madre fue la otra, y ella ahora hace lo mismo, es una familia de rastreras que se lo pasan de generación en generación! Si alguna vez llega a poner un pie en la familia Figueroa y tiene una hija, ¡las hijas de los Figueroa terminarán siendo las amantes de otros!

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