—¡Ve a preguntar por qué esa igualada sin educación aún no ha llegado! —ordenó la anciana.
Apenas terminó la frase, se retractó mentalmente; alguien con educación no se dedicaría a destruir matrimonios ajenos con tanto orgullo.
El mayordomo respondió en voz baja:
—Señora, cuando llamamos al número de la señorita Melisa, contestó un niño que sonaba de unos tres o cuatro años. Balbuceaba y no se entendía nada.
Doña Estela hizo un gesto de desdén con la mano. El asco que sentía por Melisa le calaba hasta los huesos.
Al ver la expresión de la anciana, Julián dio por hecho que estaba furiosa por culpa de Bianca, la intrusa.
—Hay gente que realmente tiene la cara de cemento. Hasta en este punto se mantienen impasibles, no conocen lo que es la vergüenza —dijo, lanzando una mirada venenosa a Bianca.
Bianca apretó los labios y lo miró en silencio, sintiendo que todo aquello era una farsa ridícula.
Miró de reojo a Damián, sentado a su lado. Su rostro era una máscara impenetrable; no mostraba enojo ni alegría.
Pero, ¿qué haría a continuación? ¿Protegería a Melisa confirmando que su propia esposa era la amante, o diría la verdad de una vez por todas?
Probablemente elegiría lo primero.
Bianca apretó los puños y suspiró. Daba igual. Pronto estarían divorciados de todos modos.
Al ver la actitud serena y casi indiferente de Bianca, la furia de Julián se multiplicó.
—Señor Figueroa, admiro profundamente su visión para los negocios. Yo mismo solicité esta reunión con la señora Figueroa, y fue ella quien nos convocó a todos aquí.
Damián asintió, su rostro inalterable como un lago en calma.
—¿Y qué es exactamente lo que el joven Valente desea expresar?
Julián decidió que ya no habría más rodeos. Levantó la mano y señaló directamente a Bianca.
—¡Esta mujer es una rompehogares sin escrúpulos! ¡Una ramera! ¡Apuesto a que usted ni siquiera lo sabía, señor Figueroa!
Damián frunció el ceño y miró a Bianca.
Ella no esperaba que Julián usara palabras tan viles en su contra.
Justo cuando iba a defenderse, Julián sacó su teléfono, listo para mostrar sus pruebas.
—¡Primero sedujo al director de BN Innovación, Vicente Ávila! Quién sabe qué artimañas de alcoba usó para convertirse en su asistente personal. Una mujer sin experiencia ni méritos... Si no es vendiendo su cuerpo, ¿cómo llegó a un puesto que a otros les tomaría una década alcanzar? ¡Aquí está la primera prueba!
En la pantalla apareció un video de Bianca bajando del auto junto a Vicente Ávila.

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