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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 181

Ella tomó la iniciativa de hablar:

—Ya es suficiente, Julián...

—¡Ja! ¿Tienes miedo? —la interrumpió Julián, sintiéndose respaldado por la presencia de Doña Estela—. ¿Ibas a decir que estás tan locamente enamorada del señor Figueroa que no pudiste evitar seducirlo? ¿Que no te importó que tuviera prometida, ni siquiera que estuviera a punto de casarse?

Esa convicción en su voz solo hacía que Bianca se sintiera más acorralada.

—¡Esa es la diferencia entre tú y Melisa! —continuó Julián con desprecio—. La señorita Serrano es capaz, brillante, amable y de una moral intachable. ¡Jamás se rebajaría a ser la amante de nadie! Por más que amara a un hombre, nunca mancharía su propia dignidad de esa manera.

Bianca apretó los labios, incapaz de articular palabra. Julián no le daba espacio para hablar, interrumpiéndola constantemente por miedo a que intentara justificarse.

Por el rabillo del ojo, miró instintivamente a Damián. No podía descifrar sus emociones en ese momento.

Solo sentía que él estaba bastante molesto. Al fin y al cabo, Julián estaba defendiendo fervientemente a Melisa, la mujer que Damián amaba.

—¿Tienes algo más que decir en tu defensa? —le exigió Julián.

Bianca guardó silencio.

Fue Doña Estela quien, al ver la actitud sumisa de Bianca, estalló de furia:

—¡¿Es que no tienes sangre en las venas?! ¡Di algo!

Bianca bajó la mirada.

Esa reacción solo enfureció más a Julián:

—¿No eras muy valiente hace un rato? Si no te hubiera traído a rastras, ni siquiera habrías venido. Ahora que toda tu farsa quedó expuesta y el señor Figueroa conoce tu verdadera naturaleza, ¿tienes miedo?

¡Plaf!

El sonido de una bofetada resonó en la habitación.

Doña Estela se había puesto de pie y cruzó la cara de Julián de un solo golpe.

Julián se quedó paralizado, completamente desprevenido.

La anciana se volvió entonces hacia Bianca, señalándola con el dedo tembloroso:

—¡Y tú, muchacha inútil! ¡No sabía que eras tan cobarde cuando estás fuera de casa!

Bianca, con los labios apretados, se levantó apresuradamente para intentar calmar a la anciana.

Pero Doña Estela la empujó con brusquedad.

Fue un empujón tan fuerte y repentino que Bianca perdió el equilibrio. Tropezó y cayó hacia atrás.

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