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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 2

Nuevo hogarSuplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Eran mellizos. Ya hasta podía sentir cómo se movían.

En las revisiones previas que se había hecho en el hospital del Grupo Figueroa, siempre le habían dicho que era un solo bebé.

—Doctora, por favor... ponga los restos de mis bebés aquí.

Bianca ya no tenía lágrimas. Solo le entregó al médico una pequeña y elegante caja oscura de madera.

Una vez sellada, la envolvió con papel de regalo negro y le hizo un lazo.

Si no le decía a nadie qué era, parecía un obsequio.

Tras recuperar un poco las fuerzas, Bianca salió del hospital abrazando la caja y regresó a Villa Serena.

Apenas cruzó la puerta, el ama de llaves se le acercó con el rostro adusto y le tendió un teléfono celular.

—Es la señora Figueroa.

Bianca no tomó el teléfono con la sumisión de siempre. El ama de llaves, extrañada, activó el altavoz.

—Salí a tomar un café con mis amigas. Para cuando regrese quiero un estofado especial, prepáralo bien. Ah, y dejé mi ropa sucia en la lavandería. Ya conoces las reglas: lávala a mano, plánchala y déjala en mi vestidor. Y quiero que limpies de rodillas todo el piso de la casa tres veces, lo revisaré cuando llegue. Hoy también le di el día libre a todo el servicio de Villa Serena, así que tú te encargarás de todo.

La llamada terminó.

Bianca, abrazando la caja con los restos de sus hijos, dio un vistazo a la inmensa y vacía Villa Serena.

Damián no la amaba, y Perla Figueroa, su suegra, la detestaba.

Perla decía que se quedaba en la casa para cuidarla por el embarazo, pero en realidad la trataba como a una esclava. Sabiendo que esperaba un hijo, la obligaba a servirle.

Cada vez que Bianca llegaba agotada de la oficina, le dejaba una montaña de tareas pesadas y humillantes para asegurarse de que no descansara ni un segundo.

Para esa familia, su acta de matrimonio era un contrato de servidumbre.

No, era peor. Las empleadas domésticas al menos recibían un sueldo y no las obligaban a parir.

Esta vez, Bianca no bajó la cabeza. No fue a la cocina a preparar la cena en silencio como solía hacer. Simplemente dio media vuelta y subió las escaleras.

¡El ama de llaves la miró atónita por su rebeldía y de inmediato llamó a Perla Figueroa para quejarse!

Bianca escuchó cómo la mujer exageraba todo desde la planta baja, pero la ignoró por completo.

Al entrar a la habitación principal, miró la foto de bodas que había sido editada digitalmente y luego bajó la vista hacia la caja que sostenía contra su pecho.

Este lugar no le pertenecía. Era hora de despertar de esa pesadilla.

En medio de sus pensamientos, sonó su celular.

Lo sacó de su bolso y, al ver la pantalla, se quedó paralizada por un segundo. Era Vicente.

Sin dudarlo, contestó.

—Vicente... soy yo, soy Bianca.

—Bianca, ya no hace falta que me llames. La última vez me pediste que rechazara por ti la invitación al proyecto aeroespacial del gobierno. Al ver tu firmeza y enterarse de que estás embarazada, decidieron buscar a alguien más. A partir de hoy, ni nosotros ni tus antiguos profesores volveremos a molestarte. Haz tu vida y sé feliz.

Esas palabras la dejaron helada durante largos segundos.

Desde que estaba en la universidad, Bianca había sido un talento prodigio cultivado en secreto para proyectos gubernamentales. Luego se asoció con Vicente y juntos fundaron una empresa de tecnología.

Gracias a su brillantez, en solo un año la empresa cotizó en bolsa y ella se convirtió en la mayor accionista.

Después de eso, recibió múltiples ofertas para liderar investigaciones confidenciales del gobierno. Todos los grandes científicos del país sabían quién era ella y se peleaban por tenerla en sus equipos...

Pero se enamoró del hombre equivocado.

Capítulo 2 1

Capítulo 2 2

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