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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 3

Nuevo hogarSuplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

El rostro de Bianca perdió todo su color.

Desde que quedó embarazada, le asignaron el hospital propiedad del Grupo Figueroa para llevar su control.-

Y ese día precisamente iba de camino a su revisión cuando sufrió el accidente. Sus hijos murieron dentro de ella porque él se negó a contestar las llamadas mientras esperaba el rescate.

Y ahora, llevando aún el duelo reciente de sus bebés en el vientre, ¿él pensaba que lo había estado espiando en el hospital mientras él cuidaba de la asesina de sus hijos?

Una amargura punzante le invadió el pecho y su voz salió temblorosa.

—No te estaba siguiendo. Fui al hospital porque...

—Guárdate tus excusas. En cuanto nazca el bebé, nos divorciaremos y esto se acabará —la interrumpió el hombre, con un tono frío y calculador.

Bianca se quedó petrificada.

Sabía que el divorcio era inminente, pero escucharlo decirlo con tanta frialdad hizo que el corazón se le oprimiera de dolor.

Lo había amado tanto, lo había perseguido durante tantos años... era imposible que aquellas palabras no la destruyeran.

Aun así, Bianca tragó saliva y trató de hablar para contarle la verdad.

—No tenemos que esperar hasta entonces. Podemos divorciarnos ahora mismo, porque...

El bebé ya no está.

Eran unas cuantas palabras simples.

Pero un teléfono sonando la interrumpió abruptamente.

Por lo que Bianca alcanzó a escuchar, parecía que algo grave había pasado con Don Severiano, el abuelo de Damián.

Tal como esperaba, él colgó el teléfono, se levantó de inmediato y le hizo un gesto para que lo siguiera.

Bianca fue tras él. Al verlo entrar en el asiento del conductor, ella instintivamente fue a abrir la puerta del copiloto.

Pero antes de poder hacerlo, la voz gélida del hombre la detuvo.

—Ve atrás.

Bianca se detuvo. Recordó haber escuchado una vez que el asiento del copiloto de un hombre siempre está reservado para la mujer que ama.

Al mirar por la ventana, notó que en el asiento delantero había un cojín finamente bordado que decía: "Asiento exclusivo de Melisa".

En el pasado, ella había fantaseado con recibir ese tipo de detalles románticos.

Pero siempre pensó que un líder tan poderoso e inalcanzable como Damián jamás se prestaría para esas cursilerías.

Qué equivocada estaba.

Cuando un hombre ama de verdad a una mujer, ¿qué no estaría dispuesto a consentirle?

Bianca no dijo nada. Con los ojos enrojecidos, dio media vuelta y subió al asiento trasero.

Por el espejo retrovisor, observó el rostro inexpresivo de Damián y recordó cómo, apenas unas horas antes, lo había visto desvivirse en atenciones por la mujer en sus brazos.

Y desde que regresó a casa, ni siquiera se había dignado a preguntarle por qué estaba en el hospital.

La ignoraba con una frialdad tan absoluta...

¿Qué estaba esperando ella de un hombre así?

—El abuelo recayó. Mi madre está en un retiro espiritual y no puede volver por ahora. Cuando lleguemos a la mansión de la familia y te pregunte por el embarazo, dile que todo está perfecto. Dile que hoy fuiste a hacerte los estudios a otra clínica. Ya le pedí a alguien que falsifique unos resultados, te los darán para que se los muestres —dijo de pronto, sin molestarse en mirarla, y mucho menos en preguntarle cómo se sentía.

Si Bianca tenía un lugar en la familia Figueroa, era únicamente gracias a la protección de Don Severiano y de Perla, su abuela.

Especialmente la abuela, que al enterarse del embarazo, se había ido a un templo a rezar por ella y por el bebé.

Capítulo 3 1

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