La repentina intervención de Vicente Ávila, que hasta entonces no había pronunciado palabra, hizo que el rostro de Perla Figueroa palideciera. Incapaz de formular una excusa rápida, giró la mirada hacia Damián en busca de ayuda.
Damián mantuvo su expresión gélida, con emociones indescifrables ocultas en el fondo de sus ojos, y devolvió el ataque con calma:
—El señor Ávila parece muy preocupado por mis empleados.
El comentario dejó a Vicente acorralado, haciéndolo quedar como un entrometido.
—¡No está embarazada, solo está reteniendo líquidos y ha subido de peso por descuidada! Soy médico, me doy cuenta a simple vista.
El que saltó a la defensa fue Romeo Paredes, lanzándole una mirada cargada de odio a Bianca.
Se inclinó hacia Damián y le susurró:
—Te lo advertí, vino con malas intenciones. Quiere arruinarle a Melisa su gran noche para intentar alejarla de ti.
Bianca estaba lo suficientemente cerca como para escuchar cada palabra; tal vez Romeo lo había dicho con la intención de que ella lo escuchara.
Pero ella no había hecho absolutamente nada.
—Señor Figueroa, no me siento bien. Me retiro —anunció Bianca. No pidió permiso, simplemente lo comunicó.
Damián no dijo que sí ni que no, así que Bianca lo tomó como un permiso implícito.
No quería quedarse en ese lugar ni un segundo más.
En ese momento, llamaron a Damián por un asunto de trabajo y tuvo que levantarse de la mesa.
Bianca dejó la botella de vino y estaba a punto de darse la vuelta, cuando la voz del Profesor Salazar, que había estado en absoluto silencio, resonó en la mesa:
—No tengo ninguna intención de aceptar a Melisa Serrano como mi estudiante.
En un instante, todos en la mesa de la familia Figueroa se quedaron mudos.
Incluso Bianca se quedó congelada en su sitio.
Ella sabía perfectamente por qué su maestro estaba diciendo eso. ¡Lo estaba haciendo por ella!
La trayectoria y el peso del Profesor Salazar le daban el lujo de rechazar a quien quisiera sin tener que darle explicaciones a nadie.
—Ya tengo una alumna excepcional, alguien que heredará todos mis contactos y mi filosofía científica. Todos esos supuestos logros de los que hablaba el señor Severiano hace un momento... mi alumna ya los había superado con nuevos avances cuando apenas tenía diecisiete años. Teniendo a un verdadero genio a mi lado, no necesito adoptar a alguien que solo es un 'genio' en boca de la prensa.
Todos los presentes jadearon de asombro.
El Profesor Salazar rara vez elogiaba a alguien.
Pero sus palabras habían destruido por completo la imagen de Melisa.


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