Damián la observaba desde las sombras del estudio. Su mirada era tan insondable que resultaba imposible adivinar qué pasaba por su mente.
Bianca no lograba descifrarlo, pero a estas alturas, ya le daba igual. Su amor por él estaba completamente muerto; ya no tenía ninguna intención de adivinar su estado de ánimo. Solo preguntó:
—¿Qué quiere que haga, señor Figueroa?
—A partir de hoy, tienes un mes para hacerle seguimiento a esta colaboración, Bianca —ordenó con un tono profundo.
Deslizó hacia ella la carpeta que había estado revisando cuando entró.
De un solo vistazo, Bianca notó que se trataba de una propuesta para BN Innovación.
Él quería que ella convenciera a su profesor y a su compañero para que aceptaran a Melisa en BN Innovación y le otorgaran el liderazgo del proyecto científico que Bianca misma había creado en el pasado: el Proyecto Apocalipsis.
El documento estaba plagado de supuestos méritos industriales, presentados como los grandes logros de Melisa, e incluso mencionaba bajo qué titanes de la ciencia se había formado.
En la última página, aparecía una lista de contactos profesionales junto con información personal extraída de una investigación exhaustiva:
«Aro. Mujer. Estado civil: confidencial. Ingresó a la universidad nacional a los quince años. A los diecisiete, desarrolló un algoritmo revolucionario que causó conmoción, por lo que fue reclutada y protegida por el gobierno para proyectos de seguridad aeroespacial y defensa nacional. A los dieciocho, siguió a su mentor, Sergio Salazar, a un instituto de investigación en el extranjero, donde desarrolló nueva ingeniería de software que abrió un nuevo capítulo en la ciencia aeroespacial. A los veintiuno, regresó al país y cofundó BN Innovación junto con su colega Vicente Ávila. A los veintidós, exploró un nuevo campo usando algoritmos de IA para crear el Proyecto Apocalipsis. Lo dejó inconcluso, abandonó BN Innovación y desapareció sin dejar rastro».
El corazón de Bianca dio un vuelco.
Aunque estos datos no entraban en detalles específicos, eran secretos de Estado protegidos por altos mandos. Que Damián hubiera podido desenterrarlos demostraba su poder.
O tenía conexiones inmensas, o sus vínculos con el gobierno eran mucho más profundos de lo que aparentaban.
Con razón no había accedido a que Melisa la usara de escalón para llegar al profesor Salazar; las condiciones no eran suficientes. Melisa tenía una ambición mucho mayor: no solo quería ser alumna del profesor ni conformarse con entrar a la empresa; quería liderar el proyecto principal.
Ver a Damián usar todo su poder para catapultar a Melisa le pareció, de pronto, ridículo.
Con cada detalle, él destrozaba la imagen que ella se había forjado de él.
Realmente amaba a Melisa hasta la médula.
Sin dudarlo, Bianca dejó los documentos sobre la mesa.
—No lo haré.
Damián la miró sin inmutarse, con la expresión completamente vacía.

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