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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 41

Al caer la noche, Bianca se tomó una infusión de hierbas medicinales. Estaba exhausta por el ajetreo del día, sentía la espalda molida y el sueño comenzaba a vencerla. Antes de dormir, inició sesión en su antigua cuenta de trabajo para echar un vistazo.

Damián no le había enviado ningún mensaje.

Era de esperarse. Había llevado a Melisa a casa, y como ella había pasado por un mal rato ese día, seguramente él se habría quedado a consolarla.

Entre un hombre y una mujer, la mejor forma de consuelo siempre terminaba en la cama.

A Bianca ya no le importaba. Apagó el celular, cerró los ojos y se quedó profundamente dormida.

En medio de la madrugada, una de las empleadas de la casa la despertó.

—El señor ha regresado. Quiere que le prepares una sopa caliente y un café bien cargado para la resaca. Llévaselo al estudio.

Bianca no esperaba que Damián regresara a las tres de la mañana.

Se quedó en silencio por un instante. Recordó lo que él le había dicho sobre su «deber como esposa», y luego pensó en las deudas de la familia Núñez y en los problemas legales que enfrentaban su padre y su hermano. Tragándose el agotamiento, se levantó.

Cuando entró al estudio con la bandeja, encontró a Damián con la mirada fija en unos documentos sobre el escritorio. Su rostro no mostraba ninguna emoción, pero desprendía un aura tan fría que helaba la sangre.

Bianca no dijo nada. Se acercó y, al dejar la sopa y la taza de café sobre la mesa, percibió un ligero aroma a perfume. Lo reconoció de inmediato: era el que usaba Melisa.

En ese preciso instante, la pantalla del celular sobre el escritorio se iluminó.

El remitente, guardado como «Meli», mostraba un mensaje: «Eres insaciable. Estoy agotada, mañana me quedaré en la cama todo el día. ¡No te atrevas a despertarme! Hmph. (Emoji de carita enojada)»

La mente de Bianca se quedó en blanco por un segundo y su cuerpo se tensó.

El banquete había terminado a las nueve de la noche; Damián había regresado a las tres de la mañana.

Ella era una mujer adulta; no le costaba imaginar qué habían estado haciendo durante esas cinco o seis horas de diferencia.

Si no hubiera tenido un contacto íntimo con Melisa por un tiempo prolongado, el perfume de ella no se habría impregnado en su ropa.

Lo indignante era que, después de consolar a su amante y compartir la intimidad más profunda con ella, regresaba a casa de madrugada y ordenaba que despertaran a su esposa para que le sirviera la cena.

Bianca bajó la mirada. Sin decir una sola palabra, se dio la vuelta para marcharse, pero la voz ronca del hombre la detuvo en seco.

—¿Qué relación tienes con el profesor Salazar?

El cuerpo de Bianca se paralizó.

Capítulo 41 1

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