—La lealtad absoluta exige no temer al sacrificio. El señor Ávila seguro lo entiende.
Vicente entrecerró los ojos hacia Esteban y, apretando los dientes, escupió una sola palabra:
—¡Lárgate!
—¡Ese jefecito suyo, el señor Figueroa, tarde o temprano va a pagar por lo que hace! —espetó Vicente.
Esteban sonrió, como si no hubiera escuchado aquella maldición lanzada al aire.
—Esas palabras no se las repetiré al señor Figueroa. Su habitación está justo al lado, puede ir a descansar cuando quiera, no se desgaste más de la cuenta.
Sentir que sus golpes aterrizaban en algodón solo enfurecía más a Vicente.
Al girarse, notó que Clara estaba inusualmente callada. Ella, que normalmente era un torbellino, se había quedado en completo silencio ante la situación.
—¿Qué pasa? —le preguntó Vicente.
Clara negó con la cabeza.
—Hoy metí en problemas a Bianca. Si no la hubiera obligado a quedarse, nada de esto habría pasado. Aunque grabé algunas pruebas útiles, al final... no volveré a ser tan impulsiva. Debería haber sido yo la que sufriera todo esto, pero Bianca pagó los platos rotos por mi culpa. Interfirió en mi destino y cargó con mi karma...
Su voz se quebró en un sollozo.
La expresión de Vicente se suavizó.
—Hoy Tiago Aguirre no pudo salirse con la suya, pero seguro mañana buscará otra oportunidad para ir tras ella. Tienes que cambiar ese carácter tuyo, ¿acaso tu mentor no te lo ha dicho?
Clara se secó las lágrimas y asintió.
—Solo me preocupa qué medidas tomará la familia Aguirre mañana y cómo el señor Figueroa lo encubrirá.
Vicente le hizo una seña a Clara para que fuera a descansar, mientras él se encargaba de contactar a los abogados.
Se comunicó con el licenciado Solís, con todos los abogados de la familia Ávila e incluso le dio un aviso a Tomás Santillán. Si realmente llegaban a los tribunales, tenían muchas posibilidades de ganar, ¡especialmente con Bianca tan malherida!
Extremidades, órganos internos, trauma psicológico... el daño descrito era brutal. No podría caminar por un buen tiempo y hasta tendrían que darle de comer en la boca.

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