Era Perla Figueroa en la línea. Damián tomó el auricular.
—¡Le ordené a Bianca que aprendiera a llevar la casa y se dignó a tirarme el trabajo a la cara! Encima se desquitó dándole una bofetada al personal de servicio. ¡Y me acabo de enterar de que hoy golpeó a Bárbara en la empresa! Damián, habla con tu abuelo. Esa mujer es una salvaje, yo ya no puedo controlarla.
El rostro de Damián se endureció. Mientras escuchaba las quejas de su madre, su celular vibró en su bolsillo. Vio la pantalla: era un número sin registrar. Era Bianca.
Rechazó la llamada al instante y miró al ama de llaves.
—¿Aún no ha regresado?
La mujer asintió apresuradamente, dándole la razón.
Damián notó que el ama de llaves sostenía en sus brazos un montón de su ropa, la cual Bianca ni había lavado ni había planchado.
Su celular volvió a iluminarse. Era Bianca otra vez.
Con el rostro ensombrecido por la rabia, Damián bloqueó el número de inmediato y llamó al departamento de Recursos Humanos.
La orden fue clara: despidan a Bianca Núñez.
Ser despedido del Grupo Figueroa no era lo mismo que renunciar.
En esa empresa, un despido implicaba entrar a una lista negra en toda la industria. Nadie más te contrataría. Además, si el despido era por una supuesta "negligencia grave", te enfrentabas a demandas millonarias por daños a la corporación.
Antes de salir de nuevo, Damián dictó su última sentencia:
—A partir de hoy, nadie en esta casa tiene por qué soportarle sus berrinches.
Cuando Bianca finalmente recuperó el conocimiento, habían pasado cinco días.
Había sufrido una hemorragia cerebral y estuvo a un hilo de la muerte.
El médico de guardia se acercó a la cama y soltó un largo suspiro.
—Debe ser un hombre muy importante su esposo. Llevamos cinco días intentando comunicarnos con él por cielo, mar y tierra, y fue totalmente imposible.
Bianca encendió su teléfono y vio el registro de llamadas. Desde el momento en que colapsó, el personal del hospital había llamado más de cincuenta veces al contacto guardado como "Esposo".
Todas y cada una de las llamadas habían sido rechazadas.
Estando embarazada, entre la vida y la muerte en un auto hundiéndose, él había preferido ir a salvar a Melisa. Y por esa demora, sus bebés murieron en su vientre.
Y ahora, con un derrame cerebral, al borde del colapso total, él había ignorado todas sus llamadas de auxilio.
Con un movimiento mecánico de sus dedos, Bianca borró definitivamente cualquier rastro de Damián Figueroa de su teléfono.


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