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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 9

Nuevo hogarSuplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Bianca sabía que, aunque sus bebés ya no estaban en su vientre, para los ojos de todos seguía siendo una mujer embarazada.

Su cuerpo aún lucía hinchado y pesado, con la apariencia de una mujer de seis o siete meses de gestación.

Los guardias, temerosos de lastimar al bebé de Damián Figueroa frente a él —o al menos por pura decencia humana— no se atrevieron a usar la fuerza bruta para detenerla.

Con todo el coraje que pudo reunir, se paró frente a Damián. Pero antes de poder decir nada, la voz del hombre cortó el aire como un cuchillo:

—Si tienes alguna queja, háblalo con los abogados del Grupo Figueroa.

Bianca se quedó congelada, como si le hubieran echado un balde de agua helada.

El Grupo Figueroa gastaba millones cada año en mantener a un equipo de abogados despiadados y brillantes, contratados personalmente por Damián.

Desde que él asumió la presidencia, ese equipo legal había aplastado a sus rivales en miles de juicios, tanto a nivel nacional como internacional. ¡Jamás habían perdido un solo caso!

Y ahora, Damián iba a usar a ese escuadrón de tiburones para destruirla a ella.

Eso era una declaración de guerra. Le estaba diciendo en la cara que, aunque supiera que le estaban tendiendo una trampa y que ella era inocente, no iba a mover un dedo para ayudarla.

No le importaba ella, y mucho menos le importaba si estaba siendo incriminada injustamente.

Ni siquiera le importaba someter a la supuesta madre de su hijo a ese nivel de estrés.

Los ojos de Bianca se llenaron de lágrimas de impotencia, y sus puños se apretaron hasta que los nudillos se pusieron blancos.

Si así iban a ser las cosas...

Justo cuando el hombre estaba por entrar al ascensor, Bianca levantó la cabeza y, con la voz temblorosa pero reuniendo hasta la última gota de su dignidad, gritó:

—Perdí al bebé. Nuestro hijo ya no está.

Ya podían ir a firmar el divorcio.

En ese preciso instante, el ascensor hizo un *"ding"*, anunciando su llegada, pero nadie se movió.

Un silencio absoluto se apoderó del inmenso vestíbulo.

Damián ni siquiera parpadeó. No hizo ni un solo gesto. Ignorándola por completo, como si no hubiera escuchado nada, entró al ascensor.

Entonces, alguien entre la multitud soltó una carcajada burlona. Segundos después, las risas de los empleados y ejecutivos hicieron eco en todo el lugar. Cada vez más fuertes, cada vez más humillantes.

Bianca giró la cabeza y vio el desprecio, la burla y el asco en los rostros de todos los presentes.

Sabía lo que estaban pensando. Se estaban riendo de su patético intento de manipular al jefe, asqueados por la forma tan baja en la que trataba de llamar su atención fingiendo una tragedia.

Y el gran Damián Figueroa les había demostrado que ella no era más que un payaso de circo, dejándola allí tirada para que todos se burlaran.

Pero sus bebés... sus bebés realmente habían muerto.

—Ah... —Bianca se llevó la mano al vientre y soltó una risa rota y llena de amargura. Al girar, vio a la señora de la limpieza empujando un carrito. En el bote de basura, vio varios objetos que reconoció de inmediato.

Capítulo 9 1

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