El salón estaba decorado con luces doradas, rosas blancas y un enorme letrero de neón que decía “Cinco años de amor eterno”.
Sienna sostenía el cuchillo con una mano, lista para cortar el pastel de tres pisos decorado con perlas de azúcar. A su lado, Alexis Dalton la miraba con una sonrisa que mezclaba orgullo y adoración.
—Felices cinco años juntos, señora Dalton —susurró él, acariciándole el rostro—. Que sean mil más.
—Promesa de amor verdadero —respondió ella, dejando que su corazón se derritiera en ese instante perfecto.
El beso fue tierno, dulce, lleno de complicidad. Los invitados aplaudieron emocionados, brindaron con champán.
Todo era perfecto… hasta que unos pasos resonaron en el mármol del salón, cortando el ambiente como un cuchillo invisible.
Sienna giró el rostro. Una figura alta, vestida de negro, avanzaba con paso firme. Era Tessa.
—¿Tessa? —susurró, sorprendida.
Su hermana menor, la misma que había dicho que no asistiría por estar de viaje.
—Feliz aniversario, querida hermana. Y tú, querido cuñado… —dijo con una sonrisa helada—. Tengo un regalo especial para la pareja favorita de la familia.
Un aplauso seco salió de sus manos y, detrás de la pareja, la pantalla gigante que antes mostraba una imagen familiar con su pequeña hija Melody, cambió abruptamente. El salón enmudeció.
El video comenzó.
Y entonces, todo se rompió.
Allí estaba Sienna… desnuda. Cuerpo expuesto. Piel reconocible. En una cama desconocida.
Un hombre enmascarado la abrazaba por detrás mientras se reía frente a la cámara.
—Hola a todos —decía el hombre con voz distorsionada—. Ella es mi querida amante. Y soy el padre de su hijita, Melody. ¡Saludos, familia Dalton!
El video se apagó. El silencio fue absoluto.
Sienna sintió el mundo caer sobre su pecho. Alexis le soltó la mano como si le quemara. El cuchillo cayó al suelo. El cristal de una copa se rompió. Y el corazón de Sienna también.
—No… —susurró, con voz rota—. Esto no puede estar pasando…
Sus ojos buscaron los de Alexis, desesperados, hambrientos de una señal de confianza. Pero no encontró amor, ni duda. Solo odio. Una furia que parecía brotar desde sus entrañas.
Él dio un paso atrás.
—¿Por qué? —gritó, con los ojos enrojecidos—. ¿Por qué lo hiciste, Sienna? ¡Te di todo! ¡Todo!
—¡Es mentira! ¡Yo no… yo no hice eso! ¡Yo soy inocente!
—¡¿Inocente?! —Tessa carcajeó con crueldad—. Tu amante intentó sobornarme, ¿lo sabías? Por eso vine. Para mostrarle a todos la clase de mujerzuela que eres.
—¡Tessa, soy tu hermana! ¡¿Por qué me haces esto?!
El padre de Sienna avanzó, cruzando el salón, con el rostro desfigurado por la vergüenza.
Levantó la mano y le dio una bofetada tan fuerte que la tiró al suelo. Una segunda cayó antes de que pudiera reaccionar. Iba a patearla, pero Alexis lo detuvo.



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