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Suplicando tu perdón romance Capítulo 2

Sienna llegó a casa temblando. Cerró la puerta tras de sí como si pudiera dejar afuera esa tormenta de dolor que había comenzado a devorarla.

Su corazón latía con fuerza, sus piernas le flaqueaban. Cada rincón de la casa le parecía hostil, como si la acusara.

Subió las escaleras casi a ciegas y entró en la habitación de su hija. Melody dormía profundamente, abrazada a su osito de peluche, ajena al huracán que amenazaba con destrozar su mundo.

Sienna la observó con los ojos brillantes.

Su hija, su pequeña de cuatro años, tan frágil y perfecta. Se arrodilló junto a la cama y acarició su caballito con dedos temblorosos.

—No dejaré que destruyan tu vida, mi amor. Lucharé por nosotras, lo juro.

Pero al bajar, escuchó pasos en la entrada. Un sonido que le heló la sangre. Alexis.

Corrió al vestíbulo, y al verlo, su corazón se encogió.

Él no estaba solo. Tessa venía detrás, con una mirada oscura, satisfecha.

—Alexis… —susurró Sienna, pero no pudo terminar.

Él avanzó hacia ella con una furia contenida.

La tomó del brazo sin delicadeza y la empujó al suelo. El golpe fue duro, pero más le dolió el desprecio en su mirada.

Alexis, su esposo, el hombre que alguna vez la adoró, la miraba ahora como si fuera una extraña.

—¡Alexis! —gimió, con lágrimas brotándole sin control—. Me conoces… ¡Mírame! Yo no soy una infiel. ¡Esto debe tener una explicación! ¡Déjame explicarte, por favor!

—¡Cállate y vete! —rugió con una voz que no parecía suya—. Mañana te veré en los laboratorios de Gustavo Sainz. Vamos a hacer esa prueba de ADN. —La apuntó con el dedo como si fuera un enemigo—. Reza porque Melody sea mi hija, Sienna. Porque si no lo es… solo Dios sabe lo que haré contigo.

Sienna sollozó y negó con la cabeza, desesperada.

—¡Es tu hija, maldita sea! ¡Créeme! Nunca estuve con nadie más, no sé por qué aparezco en ese video con ese hombre… ¡No sé nada! Por favor, créeme, mi amor. No me hagas esto…

Desde el suelo, intentó alcanzar su pierna, una súplica muda, una caricia desesperada… pero él retrocedió.

Como si su contacto le quemara. Se giró dándole la espalda, sin mirarla siquiera.

—¡Vete!

—¡No! —gritó ella, arrastrándose detrás de él—. ¡No puedes hacerme esto, Alexis! ¡Tú sabes la verdad! En el fondo de tu alma, sabes que no te traicioné…

Capítulo: Lo que haces en nombre del amor 1

Capítulo: Lo que haces en nombre del amor 2

Capítulo: Lo que haces en nombre del amor 3

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