Al terminar de hablar, Vidal le ofreció las rosas rojas.
Selena no las tomó. Simplemente lo esquivó, abrió la puerta del copiloto y se subió al auto.
Vidal retiró la mano, y una imperceptible sonrisa curvó la comisura de sus labios antes de subir al asiento del conductor.
...
Club Mirador.
El elegante Maybach se detuvo en la entrada, y el valet parking corrió de inmediato a abrir la puerta.
Vidal se bajó y dio la vuelta hacia el asiento del copiloto para abrirle la puerta a Selena él mismo. Puso una mano en el marco para protegerle la cabeza mientras la ayudaba a salir, y solo entonces le arrojó las llaves al valet para que estacionara el auto.
Apenas cruzaron la entrada, un mesero se acercó a recibirlos. —Buenas noches, señores. ¿A qué salón se dirigen?
Vidal respondió: —Al Salón Imperial.
Al escuchar esto, el mesero adoptó una actitud sumamente respetuosa y se adelantó para guiarlos. —Por aquí, por favor.
Mientras caminaban detrás del empleado, Vidal tomó la mano de Selena.
Ella intentó soltarse por instinto, pero Vidal la sujetó con fuerza y murmuró con voz ronca: —La cita de Nadia fue organizada por la abuela. Su intención es que nos ayudes a evaluarlo y veas si hacen buena pareja. Sabes que tus opiniones tienen mucho peso para la abuela, te tiene mucho cariño.
Selena murmuró un «Mjm».
Vidal continuó: —Mañana acompáñame a tomar unas fotos promocionales. Es para un proyecto importante de la empresa, es crucial. ¿De acuerdo?
Selena volvió a asentir con un simple «Mjm».
Con tal de obtener los sesenta millones de la señora Paredes, soportaría la situación por un tiempo.
El mesero se detuvo frente a las puertas del Salón Imperial, los miró con total cortesía y anunció: —Señores, hemos llegado al Salón Imperial. Adelante.
El empleado abrió la puerta y ambos entraron.
De inmediato, tres rostros familiares aparecieron en su campo de visión.
¡Emilio!
¡Damián!
¡Horacio!
El corazón de Selena dio un vuelco. ¿Acaso la cita a ciegas de Nadia era con uno de los tres?

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