En ese momento, Selena estaba leyendo cómics junto a Leo.
Al ver la llamada entrante...
Selena acarició instintivamente la cabecita de Leo, se puso de pie y se dirigió hacia el balcón.
Zulema la siguió en silencio.
Selena esperó a estar en el balcón para contestar. —Señora Paredes. He visto las noticias, Vidal consiguió el proyecto.
La señora Paredes asintió.
Su voz estaba cargada de un triunfo y una emoción que no podía ocultar, mientras le daba instrucciones: —Mañana se llevará a cabo la asamblea de accionistas del Grupo Paredes. Dame tu dirección y mandaré a alguien por ti.
Selena apretó los labios.
Con mirada decidida y un tono firme y sonoro, le respondió: —Señora Paredes, si no veo el dinero depositado esta misma noche, no me presentaré mañana.
La señora Paredes soltó una carcajada seca.
Pero al final, era una mujer de negocios que cumplía sus tratos: —De acuerdo, te haré la transferencia enseguida.
Selena asintió.
Y colgó.
Al girarse, se encontró cara a cara con Zulema y dio un respingo del susto.
—¡Abuela! ¿Qué haces aquí?
—...
Zulema la miró con una expresión indescifrable y le dijo: —Selena, tu abuela solo quiere aconsejarte una cosa: no arrincones a una bestia acorralada.
Si logras divorciarte y recibimos una buena compensación, será suficiente. No hay necesidad de llevar a ese hombre a la ruina.
Tengo miedo... miedo de que Vidal, al verse sin salida, haga una locura y te haga daño.
Selena dio un par de pasos hacia ella.
Se aferró al brazo de Zulema.
Abuela y nieta se sentaron juntas en el sofá del balcón.
Desde esa posición, Selena podía vigilar a Leo con la mirada.
Con voz paciente, Selena le explicó: —Abuela, puedes estar tranquila. Lo único que me interesa es divorciarme de Vidal. Lo que pase después es una guerra entre la señora Paredes y él, y no pienso involucrarme en eso.
Zulema le tomó las manos.
Y soltó un pesado suspiro.
Miró a Selena con el corazón encogido por la angustia. —Tú puedes no querer involucrarte, pero Vidal no lo va a ver de esa manera. Tengo un mal presentimiento, una punzada en el pecho. Mejor le pido al señor Cárdenas que te acompañe mañana.
Selena sonrió intentando calmarla. —No hace falta, abuela. Además, si Vidal ve que estoy con el señor Cárdenas, creerá que hay algo entre nosotros. Solo ensuciaría la reputación del señor Cárdenas sin ningún motivo, y le daría más motivos a Vidal para difamarme.
Al hablar de todo aquello...
El corazón de Zulema se llenó de amargura.
Después de todo, Vidal era el niño que ella había visto crecer desde que era apenas un bebé.
¿Cómo se había convertido en semejante monstruo?
Zulema se secó una lágrima rebelde. —Ojalá la familia Paredes jamás lo hubiera encontrado.
Así...
Todos seguirían siendo una familia feliz.

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