El viejo accionista de cabello canoso sonrió: —¿Por qué no habría de estarlo? Si Clemente de verdad siguiera vivo, por lógica y por derecho le correspondería a él heredar el negocio familiar, después de todo, él era el heredero legítimo.
Pero la vida es injusta y Clemente falleció joven. Hoy en día, el único que puede continuar con el legado de la familia Paredes es Vidal. Señora, nosotros los viejos seremos testigos. Aunque entregue el sello corporativo, Vidal sin duda la respetará y cuidará como siempre lo ha hecho.
Si Vidal se atreviera a faltarle al respeto, nosotros seríamos los primeros en oponernos. Por el bien de todo el Grupo Paredes, señora, delegue el poder.
La señora Paredes soltó un lamento.
Levantó la mano con fingido dolor, presionando los nudillos contra la esquina de sus ojos: —Tienen razón. Si tan solo mi Clemente siguiera vivo, ¿acaso esta inmensa fortuna caería en manos de un bastardo?
Vidal entrecerró los ojos.
Algo andaba mal.
La actitud de la señora Paredes el día de hoy era muy extraña.
Aunque ambos sabían perfectamente cuánto odiaba ella que él fuera un hijo ilegítimo...
Como la señora Paredes necesitaba a Vidal para poder mantener el control de la empresa desde las sombras...
Durante estos dos años, a pesar de odiarse mutuamente, jamás se habían declarado la guerra abiertamente.
Pero la señora Paredes de hoy, definitivamente estaba actuando raro.
Por la mente de Vidal pasaron rápidamente varias posibilidades.
Pero las descartó al instante.
La señora Paredes, que no le quitaba los ojos de encima para observar sus reacciones, esbozó una sonrisa y dejó de andar con rodeos.
Aplaudió un par de veces y dijo: —Pasen.
Las miradas de todos se clavaron en la puerta.
La puerta se abrió de par en par.
Escoltado por la asistente y el abogado de la señora Paredes, un hombre joven, vestido con un traje impecable, entró caminando a paso firme y tranquilo.
En el instante en que se quitó los lentes de sol...
La sorpresa invadió la sala.
Algunos accionistas se levantaron de un salto, emocionados: —¿Acaso no es... no es Clemente?
El hombre caminó hasta situarse al lado de la señora Paredes.
La sala de juntas quedó sumida en un silencio sepulcral.
Todos contuvieron la respiración al mismo tiempo; el aire parecía haberse congelado.
La sonrisa fingida de Vidal se petrificó en su rostro.

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