Cuando el paseo terminó.
Emilio cargó a Leo y salieron del parque con Selena siguiéndoles el paso de cerca.
Ya en el estacionamiento...
Emilio le dirigió una mirada y bajó al pequeño al suelo.
Selena se hincó frente al niño, mirándolo a los ojos.
Sus manos descansaron suavemente sobre esos hombros pequeñitos y delicados. —Leo, pronto serás un niño grande que irá al kínder. Tienes que comer bien, no seas mañoso, ¿eh? Hasta las verduras te las tienes que comer.
El niño la miraba confundido.
Sus ojos grandes y brillantes parpadeaban, sin entender lo que pasaba.
Selena deslizó sus manos desde sus hombros hasta sus mejillas, acariciándolo con dulzura. Luego le subió el cierre de la chamarra hasta el cuello.
Y siguió hablando: —Acuéstate temprano. A las nueve de la noche ya debes estar dormido. ¿Te acuerdas del relojito que te compré? Sonará a las nueve para recordarte que es hora de dormir.
—¡Sí me acuerdo!
Leo asintió, obediente.
Selena tomó una gran bocanada de aire.
Sentía que se iba a desmoronar en cualquier momento. Volteó la cara rápidamente para tragar el nudo en la garganta e intentar contener las lágrimas.
Se obligó a sonreír con dulzura y volvió a mirarlo: —Y no olvides lavarte los dientes por tres minutos antes de dormir. Nada de hacer trampa. Y...
Suspiró, con la voz entrecortada: —Si alguna vez te sientes malito, díselo a tu familia de inmediato. No te aguantes el dolor.
Leo inclinó la cabeza, extrañado: —Mami, hoy estás hablando muchísimo.
Selena forzó una sonrisa: —Mi amor, no olvides nada de lo que mamá te acaba de decir. Pórtate bien y crece fuerte.
Quería decirle más cosas. Sentía que el tiempo no le alcanzaba, que había mil consejos más que darle.
Pero de pronto sintió un ardor insoportable subiéndole por la garganta hasta llegarle a los ojos.
Rápidamente bajó la mirada y fingió amarrarle las cintas de los zapatos.
Mientras sus dedos rozaban las cintas negras, sentía cómo los ojos le quemaban más y más.
No podía llorar. No delante de su bebé.
Parpadeó rápidamente, luchando contra las lágrimas: —¿Mamá está muy habladora hoy, verdad?

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