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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 24

Sin dudarlo un segundo, Selena tomó al abogado Leal del brazo y siguió los pasos de Emilio.

Diez minutos después, Selena apareció nuevamente en el salón principal.

El abogado Leal bajó la voz y le dijo: —Ya que no planeas pedir el divorcio esta noche, me retiro por ahora.

Selena asintió.

—Ve con cuidado. Muchas gracias por todo.

El abogado negó con la cabeza.

—Si necesitas cualquier cosa, llámame a la hora que sea. Estoy para servirte.

Dicho esto, el abogado salió discretamente del lugar.

Vidal continuaba con su discurso. Su voz seguía cargada de entusiasmo. Como hacía calor en el salón, se había quitado el saco y llevaba solo la camisa blanca y un chaleco negro a juego con el pantalón, luciendo la imagen del perfecto caballero.

Un hombre tan refinado. Un hombre tan impecable. ¿Quién iba a imaginar que...?

Selena bajó la mirada y soltó una risita ahogada; sus ojos y su sonrisa rebosaban sarcasmo. No solo se burlaba de Vidal, sino de sí misma por haber sido tan ciega.

Pasaron cinco minutos más y el discurso de Vidal finalmente concluyó.

Quedaban apenas unos segundos del video corporativo en la pantalla principal. Vidal dio un paso atrás, con el control remoto en la mano y una sonrisa perfecta y calculada, listo para cambiar la diapositiva en cuanto terminara.

Pero en el instante en que el video finalizó, la pantalla gigante se fundió a negro.

Al volver a encenderse, lo que apareció no fue el logotipo de la empresa, sino una fotografía en altísima resolución.

La foto había sido tomada el día de la prueba de fuegos artificiales. De fondo se veían fuegos artificiales y globos en el cielo nocturno.

En primer plano, un hombre sostenía el rostro de una mujer entre sus manos y la besaba apasionadamente.

El rostro de la mujer estaba parcialmente cubierto por las manos de él, pero el perfil del hombre era inconfundible.

Se veía un tercio de su rostro: la mandíbula tensa y afilada, la ceja ligeramente arqueada... y el detalle más condenatorio de todos: un pequeño lunar oscuro detrás de la oreja.

Un simple perfil bastó para dejar a todos los presentes en estado de shock absoluto.

¿Acaso no es...?

En cuestión de segundos, la estupefacción dio paso al caos. Accionistas, figuras de la industria y la prensa entera giraron sus cámaras hacia el hombre en el escenario.

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