Selena apretó los dientes. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no tardaron en derramarse.
—Las pruebas están ahí, frente a todos —le reclamó con la voz quebrada—. ¿Cómo se supone que voy a creerte?
Vidal se mordió el labio, adoptando una expresión de profundo dolor.
—No llores, por favor. Sabes que me rompe el corazón verte así. Selena, escúchame... Javier ya investigó todo. Esa foto fue creada con Inteligencia Artificial. Fueron los familiares de la rama secundaria; quieren arruinar mi reputación aprovechando la salida a bolsa.
Inteligencia artificial...
Vaya, por lo visto la señora Paredes y él estaban sincronizados hasta para mentir.
Selena torció los labios en una sonrisa amarga y cargada de sarcasmo.
—¿Ah, sí?
Vidal levantó tres dedos en el aire, con el rostro solemne.
—Lo juro por Dios, Selena. Si te estoy mintiendo, que me parta un rayo en este instante y que no...
En el pasado, cada vez que discutían y él empezaba a hacer este tipo de juramentos, Selena se apresuraba a taparle la boca antes de que terminara la frase, aterrada de que algo malo le pasara. Así que, por costumbre, Vidal hizo una pausa dramática justo en el momento en que esperaba que ella lo interrumpiera.
Pero esta vez, la mano de Selena no se movió. Simplemente se quedó mirándolo fijamente con sus ojos oscuros, esperando a que terminara la farsa.
Vidal se quedó helado un segundo, pero rápidamente recuperó la compostura y continuó: —...y que muera de la peor forma posible.
Selena hizo un pucherito y bajó la mirada.
—Está bien, te creo... No tenías por qué hacer un juramento tan horrible.
Vidal suspiró aliviado y sonrió.
—Sabía que mi niña hermosa no podía ser tan cruel conmigo. Vamos, tenemos que salir a dar una explicación frente a todos...
Selena se resistió un poco.
—No quiero ir. Me da muchísimo coraje solo de pensar en esa foto. Además, si fue un montaje de Inteligencia Artificial, ¿por qué no te pusieron con otra mujer? ¡Tenía que ser Mireya! Sabes perfectamente que no la soporto.
Vidal dejó escapar un largo suspiro. Dio un paso hacia ella, la abrazó con ternura y le acarició el cabello.
—Lo sé, amor, lo sé. Pero hazlo por la empresa. Tenemos que dar la cara. Imagínate el desastre si en nuestro primer día cotizando en la bolsa se esparce un escándalo como este. Los accionistas me van a crucificar, me van a quitar los bonos... ¿De qué vamos a vivir? ¿Cómo vamos a pagar el hospital de Adrián? ¿Y qué va a pasar con el proyecto que dejó tu difunto padre? Por favor, mi amor, hazlo por nosotros. ¿Sí?

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