—César, a partir de hoy, cada quien por su lado. No nos debemos nada… Wendy, no volverás a derramar una sola lágrima por ningún hombre.
El carro negro salió del estacionamiento. Wendy miró por el espejo retrovisor. César seguía allí, cubriéndose los ojos, su figura haciéndose cada vez más pequeña hasta desaparecer entre el tráfico.
Relajó el agarre del volante, sus palmas estaban sudorosas. En el momento en que usó el aerosol, no había dudado ni un segundo, pero ahora sentía una opresión en el pecho, una mezcla de vacío y melancolía por la ruptura definitiva.
Las calles pasaban a toda velocidad. Conducía sin rumbo fijo. Su celular vibró. En la pantalla apareció el nombre "Abogado".
—Diga —contestó Wendy por el manos libres.
—Señorita Quiroga, lo que me encargó ya está casi listo —dijo el abogado Sánchez—. Hemos rastreado los fondos de la dote de la familia Santillán y redactado el acuerdo de revocación de la donación. ¿Se lo envío a su correo?
—Envíemelo —respondió Wendy con voz serena.
—De acuerdo, se lo envío cuanto antes.
Wendy frunció el ceño.
—Además, quiero que publique un comunicado oficial de nuestra separación. La boda con César no tiene validez y no volveremos a tener ningún tipo de relación.

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