Wendy se quedó inmóvil. Sintió el frío de la palma de él y la fuerza con la que, a pesar de su debilidad, la sujetaba.
—Wendy…
Instintivamente, retiró la mano.
—¿Qué esperan? ¡Que los médicos lo revisen ya!
—Enseguida.
Los médicos empujaron la camilla hacia la sala de urgencias. La mano de César se quedó en el aire. Levantó sus pesados párpados, intentando alcanzarla de nuevo.
—Wendy, no te vayas.
Ella, con el rostro impasible, no lo siguió. César fue introducido en la sala de urgencias, y la puerta se cerró con un chasquido, ocultando la escena. Wendy se quedó en el pasillo, sintiendo todavía el frío de su piel en sus dedos. Una extraña opresión le apretaba el pecho.
La señora Quiroga le dio una palmadita en la espalda.
—No te preocupes tanto. Es joven y fuerte, seguro que estará bien. Pero esa terquedad suya puede sacarle canas verdes a cualquiera.
Wendy no dijo nada, solo miraba la luz roja sobre la puerta de urgencias. El pasillo estaba en silencio, solo se oía el zumbido del aire acondicionado y los pasos de Andrés, que caminaba de un lado a otro. De vez en cuando, miraba a Wendy, como si quisiera decir algo, pero al final solo logró articular:
—Señora, el señor Santillán… en realidad no ha comido nada desde ayer por la tarde. Se quedó esperando abajo de su casa. Cuando no llovía, se quedaba de pie, y cuando empezó a llover, no quiso resguardarse.
Wendy sintió un vuelco en el corazón. Había pensado que había llegado al atardecer, no que llevaba tanto tiempo esperando.
—…Se lo buscó él mismo. ¿A quién quería impresionar con esa rabieta?
Se sentía cada vez más inquieta y nerviosa. Al mismo tiempo, se recordaba a sí misma que no debía ceder. Era solo una de sus tácticas. En cuanto lo perdonara, volvería a ser el de siempre. Además, cuando un hombre tiene un amor verdadero en su corazón, es para toda la vida. Siempre estará pensando en ella. Y a un hombre así, no podía aceptarlo.
No supo cuánto tiempo pasó. La luz roja finalmente se apagó y la puerta de urgencias se abrió. Un médico salió, quitándose el cubrebocas con expresión seria. Andrés se acercó de inmediato.
—Doctor, ¿cómo está el señor Santillán?
Wendy y la señora Quiroga también se acercaron.

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