Ambos eran unos colmilludos en el mundo de los negocios.
Damián sabía que el otro propósito de Víctor al hacer esto no era solo juntarlo con Cecilia.
Sino pedirle una oportunidad.
Aunque eran amigos, la amistad también tenía límites.
Su relación con Esteban era tal que no necesitaban decirse mucho para ayudarse o echarse la mano.
Con Víctor no llegaba a ese nivel.
Pero ya que Víctor le había extendido la rama de olivo, él estaba dispuesto a aceptarla.
De vuelta en el privado.
Esteban le preguntó qué había ido a hacer.
—Víctor me invitó a ser su padrino.
Esteban asintió.
—¿Su boda es pronto?
Damián asintió.
—En Jardines de Ensueño.
Esteban sonrió con pereza.
—Cecilia es la dama de honor.
Para que Damián aceptara ser padrino, la única razón podía ser Cecilia.
Damián era como él: no le gustaba participar en eventos, y mucho menos aceptar roles como el de padrino.
Damián arqueó levemente una ceja.
—Así es.
***
La boda requería un ensayo.
Y para el ensayo necesitaban que estuvieran los padrinos y las damas.
Alicia le avisó a Cecilia para coordinar el horario.
—Cecilia, el ensayo es la próxima semana, ¿tienes tiempo?
Cecilia estaba en su estudio; el negocio estaba a tope por la cercanía de la Navidad.
Había mucho trabajo y casi no podía despegarse.
Especialmente los fines de semana, cuando había más gente.
—Alicia, ¿qué día de la próxima semana?
—El próximo sábado —dijo Alicia.
Cecilia se sintió agobiada; estaba demasiado ocupada últimamente.
Si hubiera sabido, no habría aceptado ser dama de honor.
Pero ya había dicho que sí y el vestido ya estaba apartado.
Arrepentirse de último momento afectaría los planes y sería de mal agüero para los novios.
Se frotó el cabello con frustración.

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