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Tu Tutor, Tu Esposo, Tu Ex romance Capítulo 11

Pensar que pronto dejaría la casa de los Aguilar le provocaba cierta alegría en el fondo de su corazón.

El problema era que todavía tenía que quedarse ahí unos días más y convivir con Esteban.

Solo le quedaba ingeniárselas para evitarlo.

A partir de ese día, Gloria evitaba cualquier lugar donde estuviera Esteban.

Por la noche, Gloria quiso salir por agua, pero vio la figura ancha y erguida del hombre.

Esteban acababa de llegar de un compromiso social. Al ver a Gloria actuando de forma sigilosa, quiso acercarse, pero ella cerró la puerta de inmediato.

Su expresión se volvió seria.

Gloria respiró hondo, se miró el camisón que traía puesto e inmediatamente se cambió por una pijama de manga larga y pantalón.

Esperó media hora hasta que dejó de oírse ruido afuera y estuvo segura de que Esteban ya se había ido a su cuarto para no volver a salir, y solo entonces bajó por agua.

La rutina de Esteban era muy estricta: salía a correr a las seis y a las ocho se iba a la empresa.

Gloria esperaba a que Esteban se fuera para salir a desayunar.

Pero, para su sorpresa, hoy Esteban no se había ido.

Al verlo sentado en el comedor, Gloria se quedó pasmada un momento.

Quiso regresarse a su cuarto, pero Esteban le dijo con voz fría:

—¿No vas a desayunar?

Gloria suspiró y se sentó en el lugar más alejado de él.

Bajó la cabeza y mordisqueó su pan en silencio.

Esteban recibió una llamada y contestó con naturalidad.

Una voz femenina y dulce se escuchó:

—Esteban.

—Regreso el próximo mes.

Esteban pelaba un huevo con lentitud.

—Está bien.

Beatriz habló con un tono mimado:

—¿Vas a venir a recogerme?

Esteban soltó un suave «mjm», con un aire de indiferencia y encanto rebelde.

Gloria reconoció la voz; era Beatriz. Al escucharla, sintió escalofríos de repulsión.

Primero fue a la inmobiliaria y luego a ver a su mejor amiga.

En la inmobiliaria ya había apartado el departamento; estaba cerca del hospital, a solo diez minutos a pie.

Podría mudarse el día primero del siguiente mes.

Pero todavía faltaba medio mes para esa fecha.

O sea, que tendría que verle la cara a Esteban durante quince días más.

Lo pensó un momento, pero al final Gloria firmó el contrato de renta sin dudarlo.

Llegó a la cafetería para verse con Josefina Tapia.

En su vida pasada, su amiga Josefina le había aconsejado hasta el cansancio que dejara a Esteban, pero ella no entendía razones hasta que se estrellaba contra la realidad.

Esteban se había ido al extranjero inmediatamente después de firmar el acta de matrimonio, lo que demostraba cuánto detestaba estar casado con ella. Durante los dos años que duró el matrimonio, aquella Gloria alegre y optimista se había desgastado por completo.

En ese tiempo, Gloria desarrolló enfermedades mentales y ansiedad somatizada.

Cada noche, Gloria recordaba aquella velada: supuestamente había hecho lo más íntimo con la persona que amaba, pero le había quedado un trauma eterno.

Esteban estaba convencido de que ella había planeado todo, y casualmente las cámaras de seguridad de los alrededores habían sido borradas.

Lo que hizo que Esteban la sentenciara en su corazón fue que, efectivamente, ella le había entregado esa copa de licor de frutas.

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