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Tu Tutor, Tu Esposo, Tu Ex romance Capítulo 191

Al ver la manera en que Damián bebía, a Lucas le dolía hasta el alma.

—Damián, recuerda que tú pagas la cuenta, ¿eh?

Damián hizo una mueca. ¿Cómo podía ser tan codo este tipo?

—Ya lo sé.

Esteban llegó después de trabajar horas extra. En realidad no planeaba venir, pero Lucas le insistió diciendo que tenía una noticia bomba.

Al empujar la puerta del privado, Lucas exclamó:

—Esteban, por fin llegas.

Esteban se sentó y, con naturalidad, tomó la copa que Damián ya se había servido.

—Bájale al trago —dijo Damián—, que ese es el vino sagrado de Lucas. Si tomas de más, te lo cobra.

Esteban miró a Lucas y, haciendo el amago de soltar la copa, bromeó:

—Entonces mejor pido agua caliente y ya.

—¡Ey, ey, ey! —saltó Lucas—. No seas así. Ustedes dos nada más con sentarse aquí diez minutos ya ganaron quién sabe cuántos ceros en sus cuentas bancarias. ¿Por qué tan tacaños?

Damián soltó una risa.

—¿Y quién es el tacaño aquí?

Lucas respondió con total descaro:

—Gastar el dinero de otros está bien, pero el mío tiene otros propósitos.

Esteban le dio un sorbo al vino. La verdad, no le encontraba gran diferencia con otros.

—Ya, ¿cuál es esa gran noticia?

Lucas comenzó su análisis:

—¿A que no saben? Bruno se le declaró a Gloria, ella lo rechazó, y luego él, fingiendo madurez, le presentó a un pretendiente para que ella bajara la guardia y siguieran siendo amigos como si nada.

Damián pensó que Lucas tenía demasiada imaginación.

—Si no es eso —continuó Lucas muy seguro de sí mismo—, ¿por qué la familia Guzmán le presentaría un pretendiente a Gloria de la nada? O a lo mejor Bruno ni siquiera sabe del asunto.

Después de todo, el romance entre Cecilia y Damián era algo conocido por muchos en Cruz del Sur.

Cecilia sabía a quién se refería. Se encogió de hombros y dijo con franqueza:

—Para nada. Solo te sientes incómoda si todavía amas a tu ex. Yo ya no siento nada por él, es como ver a un amigo cualquiera.

La amiga asintió.

—Tienes razón.

Damián se arrepintió de haber escuchado. Sus palabras hicieron que se le estrujara el corazón y se le cortara la respiración. Se bebió la copa de un trago.

Al ver a Esteban bebiendo cabizbajo y en silencio, Damián sintió que había encontrado a un compañero de dolor. Alzó su copa y la chocó con la de Esteban. Ambos bebieron de fondo.

La voz de Lucas rompió la atmósfera depresiva cantando desafinado:

—¡Sírvanme una copa para olvidaaaar...!

Esteban no lo soportó. Cantaba horrible.

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