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Tu Tutor, Tu Esposo, Tu Ex romance Capítulo 26

—Vénganse los dos el fin de semana a visitarme.

Gloria sonrió con amargura por dentro; si es así, mejor no te extraño tanto, abuela.

Cuando la señora Elena tenía tiempo libre, invitaba a sus amigas a jugar canasta o se ponía a cuidar sus plantas.

Si andaba de buen humor, preparaba postres.

Para Gloria, si no fuera porque la señora Elena era buena con ella, no tendría ganas de volver a poner un pie en la Mansión de la familia Aguilar.

Al casarse con Esteban, él le guardó rencor.

Odiaba que le hubiera tendido una trampa, odiaba que le impidiera casarse con la mujer que amaba.

Pero Gloria se arrepintió muchísimo de esos dos años casada con Esteban.

En cada día festivo, Gloria iba sola a la Mansión para las cenas familiares.

Esteban o llegaba tardísimo o de plano no iba.

Su asistente aparecía en su lugar.

—Una disculpa, el señor Aguilar tiene que volar a Laguna Azul en una hora.

—El señor Aguilar está en una junta.

—El señor Aguilar...

Las miradas de la familia Aguilar caían sobre Gloria; ella se ponía pálida, apretaba las manos y se quedaba sentada sin saber qué hacer.

Cualquiera se daba cuenta de que a Esteban no le importaba su esposa.

La señora Elena salía en su defensa.

—Dile a ese nieto ingrato que si no viene la próxima vez, que no se moleste en volver nunca.

Esas cenas le sabían a cartón.

Incluso con la señora Elena de su lado, no podía evitar lo que los demás pensaban en el fondo.

Cuando los chismes de Esteban y Beatriz salieron en las portadas de espectáculos, el corazón de Gloria sintió que iba a estallar de dolor.

...

Al pensar en todo esto, Gloria sintió que tenía una nueva oportunidad.

Ya no iba a desgastarse por él.

Tomó la mano de la señora Elena.

—Abuela, ya lo pensé bien.

—Ya no me gusta Esteban.

La señora Elena sintió un vuelco en el corazón al escuchar eso.

La muchacha lo decía muy en serio, con una mirada franca y sin ocultar nada.

Parecía que iba de verdad.

Se había mudado del departamento de Esteban y no se había escuchado que anduviera detrás de él.

—Pero abuela, puedo seguir siendo como tu nieta, ¿no?

Empujada por la insistencia de la señora Elena, tuvo que subirse al asiento del copiloto.

Una vez arriba, se quedó casi muda.

Esteban soltó una risa sarcástica.

—Sí que sabes actuar, ¿eh?

—Actúas frente a la señora Elena, ¿y ahora no te quieres subir?

Gloria no le refutó.

Después de esa frase, no hubo más conversación entre ellos.

Entendió una cosa: entre menos hablara, mejor.

De todos modos, dijera lo que dijera, Esteban no le iba a creer.

¿Para qué gastar saliva? Que piense lo que quiera.

Le daba igual si Esteban malinterpretaba las cosas.

Al dejar de importarle, si Esteban le decía que el cielo era verde, ella solo asentiría y diría: "Tienes razón".

Cerró los ojos.

Lo tomó como un viaje en Uber gratis.

Al llegar, Gloria soltó un "Gracias" y salió corriendo.

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