Ella midió sus palabras cuidadosamente.
—Como buenos amigos.
Sonrió con dulzura.
—Eres igual que mi hermano, también pareces un hermano para mí.
—En realidad, no eres mucho mayor que yo, así que no calificas como «señor».
Su explicación solo entristeció más a Esteban.
Su calma era como un cuchillo que se le clavaba en el pecho.
—Seguir conviviendo así está bien, ¿no crees?
Esteban apretó la mandíbula, y pasó mucho tiempo antes de que pudiera pronunciar una palabra.
—Está bien.
Hubo un silencio prolongado.
Esteban dijo en voz baja: —Pero Gloria.
—Te amo.
—No puedo verte como una hermana, ni como una amiga.
Solo podía aceptar que fueran esposos, amantes.
No había hecho todo esto para convertir a su amada en una amiga.
Esteban trató de mantener la calma a toda costa.
Le explicó:
—En la vida pasada, a quien quería salvar era a ti.
—En cuanto escuché que habías caído al agua, corrí hacia la barandilla.
—Cuando miré hacia abajo, solo vi que ambas llevaban vestidos blancos; no podía distinguir quién era quién.
—Incluso pensé que estaba alucinando.
—No me atreví a dudar demasiado, elegí una dirección y salté.
—Me arrepiento mucho, aposté por la dirección equivocada.
Después de tanto tiempo, ella recibió la explicación de Esteban.
Pero ya era tarde.
Ella también se dio cuenta de que Beatriz llevaba un vestido blanco aquel día.
Recordando con cuidado, esa noche se había detenido un momento al ver a Beatriz.
El maquillaje de Beatriz se parecía demasiado al suyo.
Después del accidente, los medios de comunicación hicieron un gran escándalo.
[Hijo del chofer de la familia Aguilar salva la vida de Esteban Aguilar.]
Le pusieron todo tipo de juicios morales.
Los medios vigilaban cada uno de sus movimientos y le preguntaban: —Señor Esteban Aguilar, ¿qué piensa al respecto?
—Dos personas se sacrificaron por usted.
La familia Aguilar intervino para manejar esas noticias y bloquear la información.
Pero la sombra psicológica que quedó en la juventud de Esteban no se podía borrar.
Lo único que podía hacer era cuidar de Beatriz y de la señora Romero.
Cada vez que cuidaba un poco más a Beatriz, la culpa en el fondo del corazón de Esteban disminuía.
Beatriz siempre mencionaba a Fabio.
Eso hacía que Esteban no pudiera negarse.
Hubo un tiempo en que incluso sintió que debía pasar toda su vida expiando esa culpa.
Por cada gesto amable hacia Beatriz, su culpa se reducía un grado.
Porque ese día, se suponía que solo el señor Romero acompañaría a Esteban.

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