Gloria miraba al hombre frente a ella, que tenía el rostro ligeramente sonrojado. Había un leve enojo en su cara y la miraba con frialdad. Ella se quedó aturdida por un momento.
Recordaba claramente la sensación de ahogarse; el agua salada y metálica tragándosela poco a poco. En ese mar oscuro y sin fondo, se había dejado arrastrar por la corriente. El agua estaba helada y la noche en el mar era aterradora.
La voz del hombre era ronca y grave, con un toque de impaciencia.
—Gloria.
Él la trajo de vuelta a la realidad. Levantó la vista hacia el hombre que tenía enfrente. Él soltó un bufido, con un tono burlón, y dijo como quien enuncia un hecho:
—No pensé que te atrevieras a usar trucos tan bajos.
—¿Acaso he sido demasiado permisivo contigo?
Gloria levantó la cabeza de golpe y sus pupilas se dilataron. Estaba viendo al hombre frente a ella, su tutor con quien no compartía sangre: Esteban. Había renacido. Regresó dos años atrás, a la noche en que tuvo relaciones con Esteban.
Esteban era seis años mayor que ella. Debido a que la familia Carrillo y la familia Aguilar eran amigos de toda la vida, ella vivía en la casa de los Aguilar. Al ver ese rostro atractivo e indiferente, Gloria entrecerró sus hermosos ojos. Esteban estaba rojo, pero no era un rubor normal; tenía un matiz de deseo.
Gloria sabía que ambos habían sido drogados. Ella tampoco estaba mejor; sus mejillas ardían. Sostuvo la mirada de Esteban con calma.
—Esteban, yo no puse la droga.
Ella pensaba llenar la tina con agua helada y sumergirse, pero consideró que los medios irrumpirían en cualquier momento. Si la encontraban empapada en la bañera, aunque estuviera vestida, conociendo a la prensa, no dejarían pasar la imagen. Igual inventarían que hubo sexo y crearían un escándalo.
Gloria tomó un rastrillo y, sin dudarlo, se hizo un corte en la muñeca. Una emoción extraña cruzó los ojos de Esteban, quien de inmediato le agarró la mano y sujetó la hoja.
Gloria lo fulminó con la mirada.
—Esteban, suéltame.
Encontró la oportunidad de empujarlo y sumergió la mano herida en el agua fría. Un dolor agudo y punzante recorrió su cuerpo, reemplazando el calor insoportable que sentía.

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