La colega respondió:
—Pues equis. Es famosa, igual y un autógrafo vale una lana.
Nora le susurró a Gloria al oído:
—Siento que esta Beatriz no es tan buena como dicen sus fans. Hace rato pasé por su cuarto y la vi gritándole a una enfermera, la pobre terminó llorando. Híjole, menos mal que no me toca ponerle el suero a mí, si no, pobre de mí. Tiene muy buena fama, nadie creería esto.
Gloria asintió.
—Qué bueno que tampoco soy de su área.
Nora miró a los lados, asegurándose de que no hubiera nadie, y dijo:
—Yo creo que es una hipócrita de dos caras. Frente a los medios, frente al presidente de Grupo Impulso y frente a nosotros no es la misma persona.
De eso Gloria estaba más que segura.
En su vida pasada ya había sufrido por su culpa.
Rebeca entró.
—Gloria, acompáñame a pasar visita.
Gloria tomó de inmediato papel y pluma y siguió a Rebeca.
Fueron a las habitaciones de varias puérperas que acababan de dar a luz.
Rebeca hizo varias preguntas sobre cuidados posparto y Gloria respondió a todas con fluidez y precisión.
—Bien —asintió Rebeca satisfecha—, puedes regresar.
Frente a los maestros y jefes siempre hay cierto nerviosismo; regresó a la oficina sintiendo un gran alivio.
Debido a que Beatriz estaba internada en su hospital, había muchos fans y reporteros haciendo guardia cerca.
Causaban bastantes molestias al personal médico y a los pacientes.
A mediodía.
Bruno y Gloria se encontraron.
Bruno acababa de salir del quirófano y Gloria estaba por entrar.
—Gloria.
Gloria se detuvo.
—Dr. Guzmán.
—¿Comemos juntos al rato? —le preguntó Bruno.
Ella asintió.
—Pero no estoy segura de a qué hora termine la cirugía.
Bruno dijo:
—Te espero.


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