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Un Bebé con la mujer EQUIVOCADA romance Capítulo 5

Capítulo 5 —La mujer equivocada

Janeth pasó la noche mirando los archivos que había logrado copiar.

La autorización falsificada llevaba la firma de Adrián. El registro de descongelación indicaba que su última muestra había sido retirada para el procedimiento de Valentina. El expediente de Evangelina, en cambio, no contenía nada anterior al resultado positivo duplicado.

No necesitaba revisar los documentos otra vez. Lo hacía porque la alternativa era decidir qué hacer con ellos.

Había pasado años trabajando con muestras que representaban la última esperanza de muchas familias. Cada código debía corresponder a una persona, un consentimiento y una decisión. Alterar uno no era cambiar una etiqueta: era intervenir en el origen de una vida. Janeth conocía las consecuencias de guardar silencio, pero también sabía lo fácil que sería para Esteban hacerla desaparecer del sistema y convertirla en la responsable. Si actuaba con precipitación, perdería las pruebas y dejaría a Valentina en medio de un fraude que nadie podría demostrar.

Denunciarlo dentro de la clínica sería inútil. Esteban controlaba el sistema, conocía al personal y ya había bloqueado su acceso. Podía eliminar los registros originales antes de que alguien investigara. También podía acusarla de manipular la información.

Janeth abrió la copia de la orden de destrucción y encontró el contacto privado que Adrián había dejado al firmarla. No era el número público de su empresa, sino una dirección reservada para cualquier novedad relacionada con las muestras.

Escribió un mensaje breve y lo cifró utilizando el código del expediente.

“Su última muestra no fue destruida, fue manipulada. No hable con su esposa ni con el doctor Luján. Acuda solo”.

Añadió el lugar y la hora. Antes de enviarlo, escribió el código completo de la muestra. Si Adrián lo reconocía, sabría que no se trataba de una broma.

La respuesta llegó cuarenta minutos después.

“Estaré allí”.

Adrián no informó a nadie.

Durante el trayecto repasó las posibles explicaciones. Janeth podía intentar extorsionarlo, trabajar para Evangelina o atraerlo a una trampa destinada a obligarlo a guardar silencio sobre la inseminación. Lo único que no conseguía explicar era cómo conocía aquel código. Solo él, la clínica y Evangelina habían tenido acceso.

El encuentro fue en un estacionamiento casi vacío. Janeth esperaba junto a una columna, con una carpeta apretada contra el pecho. Al verlo acercarse, miró detrás de él.

—Le pedí que viniera solo.

—Vine solo.

—¿Su esposa sabe que está aquí?

—Nadie lo sabe. Ahora dígame quién es usted.

—Janeth Robles. Trabajo en el laboratorio de la clínica.

—Por el momento.

Ella entendió la advertencia.

—No busco dinero.

—Todavía no he dicho que viniera a ofrecérselo.

—Pero lo está pensando.

Adrián se detuvo a poca distancia.

—Conoce el código de una muestra que debía haber sido destruida. Tiene dos minutos antes de que decida que esto es una extorsión.

Janeth abrió la carpeta.

—Su muestra no fue destruida.

—Eso ya lo sé. Mi esposa la utilizó.

—No.

La seguridad con que respondió consiguió silenciarlo.

Janeth le entregó la orden. Adrián reconoció su firma, pero encontró otra autorización fechada días después. También llevaba su nombre.

—Yo no firmé esto.

—Lo sé. Compare las firmas.

Adrián observó ambas. La falsificación era buena, aunque no perfecta.

—¿Quién la presentó?

—El expediente no lo indica. El doctor Luján autorizó la descongelación.

—Para inseminar a Evangelina.

—Su esposa jamás fue inseminada.

Adrián levantó la mirada.

—Cuidado con lo que va a decir.

—Por eso le pedí que viniera. Los análisis que la señora Del Valle le mostró no son suyos. Tampoco la ecografía.

Janeth sacó dos hojas y las colocó una junto a la otra sobre el capó de un automóvil. Los valores, las fechas y las medidas eran idénticos. Solo cambiaban los nombres.

—El de la izquierda es el archivo original —explicó—. El otro fue creado después.

Adrián leyó el nombre de la primera paciente.

Valentina Ríos.

—¿Quién es?

—La mujer que recibió su muestra.

Las palabras tardaron en encontrar sentido.

—Evangelina está embarazada.

—No existe ningún procedimiento registrado a su nombre. El doctor Lujan creó un expediente utilizando los estudios de la señora Ríos.

—Él confirmó el embarazo.

—Pero no es el de su esposa.

Adrián recordó la conversación. La precisión con que Esteban había escogido cada respuesta dejó de parecer prudencia profesional.

Tomó el registro de descongelación. El código era el suyo. La fecha coincidía con el procedimiento.

—¿Está segura de que esta mujer recibió mi muestra?

—Yo misma comprobé la cadena de conservación.

—¿Y la muestra que debía utilizarse en ella?

Janeth le entregó otra página.

—Continúa congelada.

—¿A quién pertenece?

—A Daniel Ríos, su esposo.

Adrián volvió a mirar el nombre de Valentina.

Capítulo 5 —La mujer equivocada 1

Capítulo 5 —La mujer equivocada 2

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