Zack sintió que el corazón le subía a la garganta mientras el auto se acercaba. Era demasiado tarde para detenerse. Estaba demasiado lejos como para alcanzarla.
Ni siquiera le salió voz para gritar.
El auto la golpeó con fuerza y ella cayó al suelo. Se escucharon gritos y Zack corrió hacia ella. La vio parpadear despacio, aturdida, pero no la dejó moverse. Tras él alguien llamó a una ambulancia y enseguida su madre estaba a su lado.
—¿Qué pasó, Zack...?
—No lo sé, mamá, iba a buscar a Andriana y de repente... no miró, ella solo... no miró al cruzar...
—¿Está...? No se ve muy herida —murmuró porque ella parecía aturdida pero consciente.
—Sí. No lo sé... pero ya van a llegar...
—Gracias a Dios...
Ella miró a los ojos asustados de su hijo y tomó su mano con un gesto de seguridad.
—No es tu culpa. No es tu culpa. Es una mala suerte. Ella va a estar bien.
Zack no dijo nada. Se quedó en silencio mientras la ambulancia llegaba y los paramédicos lo apartaban para atenderla. En cuestión de minutos ya la habían subido y Zack se iba con ella, mientras Loan los acompañaba y Luana se llevaba al resto de la familia a casa.
Una vez en el hospital, los médicos se la llevaron para revisarla y Loan hizo que Zack se detuviera porque parecía un león enjaulado caminando por la salita de espera.
—¿Qué fue lo que pasó? —le preguntó y Zack negó.
—Recibió una llamada, se puso muy mal mientras hablaba con alguien y salió corriendo a buscar a Adriana —murmuró él rememorando lo poco que había pasado en solo unos segundos.
—¿Sabes quién la llamó? —preguntó su hermano y Zack negó.
—No, no tengo idea, pero por favor llama a Milo y dile que esté atento, que no pierda a Adriana de vista. ¿Está bien? —le pidió—. Este viaje ha sido un caos y yo solo quiero... solo quiero que ella esté bien.
Se mesó los cabellos con desesperación y Loan lo vio rumiar su angustia por otra media hora hasta que un doctor salió.
—La verdad es que tuvo suerte, los golpes que recibió fueron leves —dijo el médico y Zack suspiró aliviado al saber que no había sufrido daños graves—. Podrá llevársela a casa esta tarde, pero por favor, asegúrese de que mire por dónde va la próxima vez.
Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
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