—Pues a mí se me ocurrió algo... no está de más tenerlo bien vigilado —replicó Milo y poco después se ponían de acuerdo en lo que querían hacer.
Zack jugó un rato con Adriana, y en cuanto la vio super cómoda con sus hermanos se llevó a Andrea para que intentara dormir al menos por unas horas.
—Tengo miedo... —murmuró ella mirando por la ventana—. Esta es una cara de Mason que jamás había visto.
Zack la abrazó por la espalda y besó su cabeza.
—A veces eso pasa. Nunca acabamos de conocer a las personas.
La estrechó con fuerza y la sintió negar.
—No, pero si al menos me hubiera dado un indicio... No lo sé, siento que me equivoqué demasiado al elegir y que tenía que estar ciega si me mandó señales y no las vi.
Zack le dio la vuelta y la besó despacio.
—A veces la gente cambia. No pienses que te equivocaste, tú eres una buena persona, él es el que se está equivocando. Ya no pienses en eso, todo estará bien.
Pero lo cierto era que no, nada estaría bien porque aunque en aquel momento se sentía a salvo y protegida, eso cambió en el mismo instante en que volvió a poner un pie en la casa de Mason.
Cerrar la puerta de su habitación no le sirvió de nada, y se sobresaltó al escucharlo tocar con fiereza.
—¡Abre la puerta, Andrea, tú y yo tenemos que hablar!
—Pues yo te escucho perfectamente, si quieres hablar hazlo desde ahí —respondió ella.
—¡Esta es mi casa, Andrea! ¡No puedes seguir cerrando la puerta porque yo tengo derecho a entrar, ábrela porque te juro que si no la voy a echar abajo!
Andrea pasó saliva y corrió hacia su teléfono para llamar a Zack, pero ahogó un grito cuando escuchó el golpe de la puerta contra un mueble después de que Mason la embistiera, rompiendo la cerradura y el seguro.
—¿¡Quién carajo te crees que eres para desafiarme!? —le espetó agarrándola por los brazos y sacudiéndola.
—¡Suéltame, Mason! ¡Suéltame!
Andrea gritó, pero en vez de detenerse Mason la arrastró hasta la ventana que daba hacia la otra casa.
—¿Cómo te atreviste a meter a tu amante en la casa de al lado? ¿¡Qué tan hija de put@ tienes que ser para restregármelo en las narices!? —la increpó poniéndola de cara al cristal.
—¡Tanto como tú para atreverte a abandonarnos y luego venir y quitarme a mi hija! ¡Aprendí del mejor! —replicó ella forcejeando—. ¡Suéltame! ¡Si me pones un dedo encima Zack te va a matar!
Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
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