A série UN BEBÉ PARA NAVIDAD, de Internet, é um romance de amor chinês totalmente atualizado em booktrk.com. Leia Capítulo 0097 e os capítulos seguintes do romance UN BEBÉ PARA NAVIDAD aqui.
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Zack la miró dormir. A su modo agotado y nervioso era perfecta, y verla descansar entre sus brazos le daba al menos un poquito de paz en medio de aquella tormenta. Quedarse con las ganas, por otro lado, era un castigo autoimpuesto que sabía que se merecía y que en cierta forma estaba disfrutando también. Esperó a que casi amaneciera y salió con el mismo sigilo con el que había entrado.
Debían ya ser las ocho de la mañana cuando Mason daba vueltas por la cocina como un león enjaulado. ¿Pero qué diablos pasaba con Andrea? ¿Pretendía hacerle huelga de hambre?
Estuvo rumiando su molestia hasta que la vio bajar con la bebé y acomodarla en su cochecito.
—¿Te parece que estoy jugando, Andy? —gruñó acercándose, sin saludar siquiera, y ella apretó los dientes.
—No sé a qué te refieres, y créeme que tampoco me interesa —respondió.
Mason se acercó a ella y la agarró por un brazo, sacudiéndola.
—¡Estás en mi casa! ¡Eres mi mujer! ¿¡Hasta cuándo piensas seguir con esta ridiculez de encerrarte por la noche con la niña!? —le espetó furioso.
—Hasta el día en que me la lleve de esta casa.
—¡Eso no va a pasar, Andrea! ¡Tú de aquí no vas a salir nunca más, así que no te hagas ilusiones! —la amenazó y Andrea le regaló una sonrisa cansada.
—Si vamos a hacer esto todas las mañanas me puedo aprender algunas líneas de memoria —replicó ella—. Ahora con tu permiso, vamos a salir.
—¡Tú no puedes salir! ¡Es fin de semana! ¡No es día de guardería, no puedes sacar a la niña de aquí sin mi permiso! —gruñó él.
—Pues al parecer no lo necesito, basta con que me dé permiso un juez —respondió ella pasando a su lado para dirigirse a la puerta.
Y antes de que él pudiera reaccionar ya se escuchaban los golpes del otro lado.
—Departamento de policía de Vancouver. Abra la puerta, señor Lee.
Mason pasó por todos los colores del arcoíris mientras apretaba los dientes por ver de nuevo al par de policías en su umbral.
—¡¿Y ahora qué?! —gruñó—. ¿Tienen complejo de despertadores ustedes? ¡Es sábado, no hay guardería!
O´Grady puso su mejor sonrisa fingida y asintió.
—Comprendemos, señor Lee, pero la señora Brand tiene autorización del juez para sacar a su hija en fines de semana a lugares autorizados.
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