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UN MATRIMONIO FRÍO, UN AMOR ARDIENTE romance Capítulo 2

Camila se quedó helada.

La mano se le quedó en el aire. Apretó los dedos, los aflojó… y al final la bajó.

Se levantó el murmullo, como si todos supieran exactamente dónde le dolía.

Camila no era pobre, pero gastar varios millones en una sola noche… no, ese nivel de derroche no era el suyo.

La mitad de su cara ya estaba roja e hinchada. Cerró los ojos un momento, se tragó el coraje.

—Sofía, hoy es mi cumpleaños. No tenías por qué venir a armar un escándalo.

Sofía alzó una ceja, con una sonrisa que no era sonrisa.

—Pues ya lo armé. ¿Y ahora qué? ¿Vas a ir a acusarme con él?

—Eso lo hacen los niños —Camila se tocó la mejilla inflamada y sonrió apenas—. Pero… ¿de verdad crees que, si yo no digo nada, él no se va a enterar de lo que pasó hoy?

Sofía soltó una risa ligera, como si no le importara.

—¿Y si se entera, qué? Él te puede tener como quiera… pero no me digas que crees que, antes de la boda, se va a poner en mi contra por ti.

Camila se quedó pálida al instante. En los ojos se le asomó una tristeza que no pudo esconder. Se clavó las uñas en la palma, con esa pose frágil que provoca lástima.

En todo San Rosarito, todos sabían que Sergio la quería a ella. Y todos también sabían que con quien se iba a casar era con Sofía.

Ese era el dolor más grande de Camila.

Sofía sonrió y, de pronto, le extendió la mano.

—¿Te lo quitas tú o lo hago yo?

Camila apretó los labios.

—No sé de qué estás hablando.

—Sí sabes, Camila —Sofía la miró sin pestañear—. Yo no soy Sergio. Actuar conmigo no te sirve de nada. ¿O crees que por traer ese anillo ya puedes reemplazarme y ser tú la novia de mañana?

Camila alzó la vista, con los ojos brillosos de rabia.

—¡Ya basta, Sofía! ¡Ese anillo me lo dio Sergio!

Sofía no cambió la expresión.

Camila temblaba de coraje.

—¡Sofía, ya no te pases! Devuélvemelo. Si no… te juro que no voy a quedarme así.

Sofía acarició el rubí con calma, con una expresión tibia y despreciativa.

—¿Y si no te quedas así, qué?

Camila se atoró.

Sofía la miró directo a los ojos.

—Hoy en la tarde, Sergio y yo ya firmamos el matrimonio por el civil.

Camila se quedó tiesa.

Sofía remató, lento y claro:

—Así que aunque mañana, en la boda, no esté este anillo de rubí que pasa de generación en generación en los Villalobos, yo igual soy la señora Villalobos, con todas las de la ley. Y mira: el anillo puedo no usarlo, incluso puedo tirarlo… pero dártelo a ti, eso sí que no.

***

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