Entrar Via

UN MATRIMONIO FRÍO, UN AMOR ARDIENTE romance Capítulo 3

¿Ya firmaron por el civil?

No.-

No podía ser.

Sergio le había prometido que no lo haría…

El shock fue tanto que Camila ni procesó lo demás. Solo se quedó mirándola con los ojos abiertos, sin creerlo.

—No… no puede ser. No te creo. ¿Cómo tan rápido?

La mirada de Sofía se enfrió.

En circunstancias normales, no habría sido tan rápido. Pero Camila se lo había buscado.

Porque, de todo lo que podía hacer, lo que jamás debió tocar era lo que Sofía guardaba de su mamá.

Eso era su límite.

Sofía respiró hondo y se controló.

—Cree lo que quieras. Pero de hoy en adelante, más te vale ubicarte. Si te pasas aunque sea un centímetro, vas a ser la otra. La que se esconde.

“La otra”.

Esas dos palabras le explotaron en la cabeza a Camila. No había nada que la humillara más.

Desde niña, el peor sello que cargaba era ese: “la hija de la amante”.

Y quien se lo había colgado era precisamente Sofía, la misma que ahora la miraba desde arriba.

A Camila se le salieron las lágrimas. Apretó los puños y habló con odio:

—Sofía, entre el amor y el poder, él eligió el poder. Y ni así te eligió a ti. ¿De qué presumes?

Sofía se tocó el lóbulo de la oreja y sonrió, tranquila.

—Me da igual. Con que lo tenga a él, me basta. El amor… guárdalo para acordarte tú.

Los ojos de Camila se pusieron rojos. El odio se le desbordaba; quería pisotear esa actitud altanera y hundirla en el suelo.

Pero no se atrevía.

Igual que nadie se atrevió a detener a Sofía cuando le quitó el anillo, en un lugar lleno de gente.

Todos le sonreían a Camila por Sergio, por los Villalobos. Pero ahora que Sofía ya era la señora Villalobos, la cosa cambiaba.

No podían darse el lujo de ofender a Camila… pero tampoco podían meterse con la mujer respaldada por la abuela Villalobos, la futura dueña de la casa.

Sofía se fue con el anillo, y todavía se dio el gusto de rematar:

¿De ella?

Sofía bajó la mirada. El rubí brillaba en su mano, pero su voz sonó apagada.

—Si Sergio se entera de que se lo quité… igual se enoja tanto que ni a la boda va a querer ir…

No alcanzó a terminar.

Un hombre entró y la interrumpió:

—Veo que me conoces bastante bien.

Dicho y hecho.

El hombre avanzó. Con su estatura—pasaba del metro ochenta y siete—se veía largo y firme. Su voz era estable, fría.

—Ya te metiste a los Villalobos, ya sabes qué me importa, y aun así te empeñas en llevarme la contraria. Sofía, ¿qué estás buscando?

Cuando terminó, ya estaba al pie de la cama, mirándola con indiferencia.

En esos ojos profundos no había ni una pizca de afecto. No parecía que la mujer sentada frente a él fuera su esposa… y mucho menos una esposa con la que acababa de casarse ese mismo día.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: UN MATRIMONIO FRÍO, UN AMOR ARDIENTE