«Y, además, ¿no le gusta ya alguien? ¿No le da miedo que la gente lo malinterprete si se enteran?».
—Ah, ¿sí? —Mason esbozó una sonrisa enigmática—. Nominalmente eres mi hermana, así que ¿qué hay de malo en quedarte en mi casa? Además, no es como si nunca hubiéramos vivido juntos antes.
—¡Eso es diferente! —objetó Amelia al instante.
—No, no es diferente —la interrumpió Mason—. No tienes por qué inquietarte por los rumores. Nadie se atrevería a difundir chismes. En cuanto a mi reputación... —Dejó escapar una risa leve, mezcla de confianza y desdén—. No se verá afectada por algo tan insignificante.
—Y...
—Ya ni siquiera tienes opción de negarte.
—¿Eh? —El rostro de Amelia era un mar de confusión.
Mason sonrió levemente al observar la reacción de ella mientras explicaba con calma:
—Hablé con mi mamá por teléfono esta mañana. —Su sonrisa se acentuó aún más en la comisura de sus labios—. Está feliz con la noticia de que te mudarás. Incluso te compró un montón de cosas y prometió hornear personalmente tus cupcakes favoritos de caramelo con sal marina apenas regrese.
«Nora…».
En el preciso instante en que Amelia estaba absorta en sus cavilaciones, el rugido de un motor de camión se hizo audible desde el exterior de la villa.
Acto seguido, el timbre de la puerta sonó.
Mason se dirigió a abrir la puerta.
Afuera, un grupo de trabajadores de mudanzas, uniformados, esperaban junto a un camión de gran tamaño, el cual estaba cargado con una variedad de muebles y elementos decorativos nuevos.
—Hola, Señor Everett. Estos son los muebles que encargó su madre. ¿Le conviene que los traigamos ahora? —preguntó respetuosamente el jefe de los transportistas.
Amelia se quedó mirando, boquiabierta, mientras llevaban los muebles al interior uno por uno.
¡Eran realmente rápidos!
—¿Van a regresar su madre y su hermano?
—Sí, la próxima semana —Mason asintió con la cabeza, confirmándolo, y explicó—: Mi hermano contactó a un médico jubilado muy experto. Mamá fue con él para que le revisara la salud y le diera algún tratamiento.
Al escuchar esto, Amelia sintió un gran alivio. No tendrían que vivir solo Mason y ella, lo cual era mucho mejor.

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