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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 148

El parecido de Hayden con el gentil Evan del recuerdo de Amelia era asombroso.

Ver esa carita que evocaba a alguien de su pasado le ablandó el corazón y la hirió al mismo tiempo.

Rápidamente abrió la puerta del coche y salió. Hayden la vio de inmediato.

Se detuvo, alzó la cabeza y, con sus ojos brillantes y claros, parpadeó como si estuviera confirmando algo. Luego, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.

—¡Tía Amelia!

Amelia se quedó completamente inmóvil.

El saludo fue mucho más efusivo de lo que había anticipado, y tan repentino que la dejó en blanco.

Se sintió nerviosa, y la vergüenza hizo que sus mejillas se sonrojaran.

—Hay… Hayden, hola —dijo, tratando de que su voz sonara suave—. Es un verdadero placer conocerte.

Hayden corrió hacia ella con sus piernecitas. La miró con expresión seria, como un pequeño adulto.

—Tía Amelia, papá me dijo que te trajera un regalo.

Mientras hablaba, se giró y con esfuerzo abrió la cremallera de su pequeña mochila. De ella sacó una elegante caja de regalo de terciopelo azul, la cual sostuvo con ambas manos y se la ofreció como si fuera un tesoro invaluable.

Amelia observó la hermosa caja y luego los ojos llenos de esperanza. De repente, se sintió tan incómoda que no supo cómo reaccionar.

Se suponía que ella era la adulta, sin embargo, no había traído nada, mientras que un niño de cinco años sí había preparado un regalo de antemano.

Sentía una vergüenza profunda, como si se hubiera jactado antes de un examen para luego darse cuenta de que ni siquiera había traído un bolígrafo.

Buscó la ayuda de Mason con la mirada, sus ojos transmitiendo claramente:

«Sálvame».

Mason se encontraba detrás de Hayden. Dado que la luz provenía de su espalda, Amelia no lograba distinguir claramente su expresión.

No obstante, en sus ojos, habitualmente enigmáticos y oscuros, ella captó un destello de diversión.

Él se mantuvo al margen, pareciendo deleitarse al verla retorcerse de una manera tan adorable e indefensa.

—Tía Amelia, ¿no te gusta? —Hayden arqueó ligeramente las cejas al ver que ella no tomaba la caja. Sus ojos transparentes se ensombrecieron con una punzada de dolor.

—¡No! ¡No, no es eso! —Amelia reaccionó, asustada de haberlo incomodado.

Con delicadeza, tomó la caja de las pequeñas manos del niño y la abrazó contra su pecho.

—Me encanta. Gracias, Hayden. Y dale las gracias a tu papá de mi parte también.

Al escuchar eso, Hayden se animó al instante.

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