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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 185

—Este... señor Clem.

Tim estaba comiendo pastel cuando la escuchó y la miró con expresión desconcertada.

—¿Sí? ¿Qué sucede?

Amelia apretó las sábanas con nerviosismo.

—Me gustaría preguntar algo. Allá en la universidad, ¿tuvieron alguna compañera de apellido Jewell? ¿Era ella especialmente cercana a Mason?

Tim se detuvo, y la confusión cruzó por su rostro. Después de unos segundos, como si por fin lo hubiera captado, dijo:

—¿Jewell? Ah, ¿te refieres a Phoebe?

En el momento en que pronunció ese nombre, Amelia sintió que el pecho se le oprimía. Así que su nombre era Phoebe Jewell. Su rostro palideció ligeramente, pero asintió, confirmándolo por instinto. La expresión de Tim se volvió un tanto complicada.

—Nuestra relación con ella... ¿Cómo podría explicarlo? No éramos realmente cercanos —dijo él eligiendo sus palabras con cautela—. Phoebe tiene una personalidad bastante peculiar. No le gusta socializar. En aquel entonces, casi solo hablaba con Mason y apenas se molestaba con el resto de nosotros. Pero...

Parecía dispuesto a decir algo más. Pero antes de que pudiera terminar, la puerta de la habitación se abrió de golpe.

—¿De qué tanto parlotean?

Una voz masculina muy familiar resonó mientras la alta figura de Mason aparecía en el umbral. La luz de la tarde lo enmarcaba en un suave resplandor dorado, pero eso no lograba suavizar su intensidad natural. Las siguientes palabras de Tim se quedaron atoradas en su garganta. Él tenía la intención de explicar que los sentimientos de Phoebe eran unilaterales, pero la aparición repentina de Mason cortó la frase como un punto final puesto en el momento equivocado.

Para Amelia, aquello se sintió casi como una confirmación silenciosa de que Phoebe y Mason habían compartido algo más que una amistad ordinaria. Un dolor amargo se instaló en su pecho.

—Mason, has vuelto —dijo Amelia en voz baja.

—Hola, Mason —al ver llegar al protagonista de la conversación, Tim se puso de pie de inmediato y lo saludó con una sonrisa.

Mason asintió levemente hacia Tim y luego dirigió su mirada a Amelia. Al notar su rostro pálido, frunció el ceño con sutileza. Tim, rápido para leer la situación, decidió que era momento de marcharse.

—Muy bien, el paquete de cuidados ha sido entregado. Misión cumplida. Descansa —se despidió Tim—. No te preocupes por el trabajo. Si surge algo urgente, te lo haré saber.

—Está bien. Gracias, señor Clem —dijo Amelia, forzando una pequeña sonrisa.

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