—Ya que decidí que volviéramos a ser desconocidos, entonces todo lo tuyo, sea bueno o malo, ya no me importa. Acepto que en estos seis años de matrimonio acumulé bastante coraje y dolor. Sobre todo, cuando te la pasabas entendiéndome mal y lastimándome una y otra vez por culpa de Hannah y su hija; de verdad pensé en destruirlo todo contigo, dejar a todos mal y deshacerlos por completo. Pero... —La mirada de Amelia se fue aclarando, poniéndose firme y segura—: Desde hoy ya no soy tu esposa. Tengo que empezar de nuevo y recuperar mi vida. Así que me niego a usar tus artimañas sucias, pisoteando a alguien que alguna vez amé de verdad solo para sentir un alivio. De ahora en adelante, cuídense solos. Y no me vuelvan a buscar. Ya no queda nada de cariño entre nosotros.
Ethan veía cómo se le movían los labios a Amelia mientras soltaba palabras más frías que nada de lo que le hubiera escuchado antes. Pero lo que le llenaba la cabeza eran fragmentos de sus seis años de matrimonio. Ella antes había sido paciente, humilde y se conformaba con poco.
Ethan se acordó de al poco tiempo de casados, cuando la llevó de regreso a la Hacienda Rowe para una comida familiar. En la mesa, sus parientes presumidos se habían burlado de dónde venía ella sin guardarse nada, dando a entender que no era más que una recogida de los Harlow que había tenido mucha suerte de casarse con un Rowe. Ella se había quedado sentada callada a su lado, vistiendo un vestido de marca caro que su madre le había escogido, uno que ni le asentaba bien. Tenía la cabeza baja, apretando los dedos hasta que se le pusieron blancos, pero no dijo ni una sola palabra, asumiendo toda la vergüenza en silencio.
En el camino de regreso en el auto, ni se quejó ni se puso a llorar o a buscar que le tuvieran lástima como harían otras mujeres. Fue hasta que él se desesperó y le preguntó por qué estaba tan callada que ella se volteó, se obligó a sonreír y le dijo con suavidad:
—Me siento un poco mareada. —En ese entonces, Ethan solo pensó que era atenta y sabía cómo no darle problemas.
Luego le vino otro recuerdo. El día que los padres adoptivos de Amelia se aparecieron con Beatrice, obligándola a rogarle a los Rowe que le invirtieran dinero al Grupo Harlow, con palabras llenas de amenazas y desprecio. Ethan había llegado temprano a la casa ese día y le tocó ver la escena. Solo pensó que la forma de portarse de ellos estaba muy mal y le molestaba que lo anduvieran buscando con esos asuntos de bajo nivel. Con la cara seria, mandó a la seguridad a que los sacaran y le dijo como si nada:
«No tienes por qué volver a dejar entrar a gente así por la puerta».

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