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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 312

Su voz era suave y atenta, transmitiendo la calidez justa para no saber si hablaba en broma o en serio.

Amelia de inmediato sacudió la cabeza, atolondrada:

—¡No, no es nada de eso! Por favor, no vayas a pensar mal. Solo es un viaje corto con Lily, nada más. Solo quería avisarte. —Temiendo que malinterpretara las cosas, agregó rápido—: Con todo el escándalo del divorcio, pensé que es mejor alejarse de los reflectores por un rato. Ya me puse de acuerdo con el señor Clem en el trabajo.

Mason vio cómo hacía el esfuerzo por mantener las cosas totalmente tranquilas. Después de un momento, asintió, como si nada:

—Está bien. De todos modos, yo voy a salir de viaje por trabajo la próxima semana.

No le hizo ni una sola pregunta sobre a dónde iba, cuánto tiempo se iba a quedar o si Lily y ella iban a estar seguras solas. Su aparente falta de interés terminó por desconcertar tanto a Amelia que casi le dolió. Se mofó de sí misma internamente. Un peso sordo le subió despacio desde el pecho.

«Yo quería mi espacio. Quería demostrar que podía sola. ¿Entonces por qué me molesta que no intente detenerme?».

Mientras tanto, Ethan estaba sentado en una banca del pasillo del hospital, con los codos en las rodillas, pasándose las manos por su cansado rostro. Apenas habían pasado unas horas desde el desastre de la noche anterior, pero sentía como si viniera saliendo de una guerra.

Por suerte, la herida de Isla no fue tan grave como pensaba. Solo fue una cortada aparatosa que se veía peor de lo que era en realidad. Después de unos estudios y de los puntos de sutura, la pasaron al área de pediatría. Hannah se quedó pegada a su lado, tan cansada y alterada que parecía que se iba a desmayar ella también.

Sin embargo, Ethan se dio cuenta de que no podía sentir lástima; solo estaba exhausto, atrapado y con una rabia contenida que no se le quitaba.

El tiempo fue pasando. Al rato, Isla se despertó. Hannah fue la primera en darse cuenta, soltando un llanto de alivio:

—¡Isla! Ya te despertaste. ¿Estás bien? ¿Te duele algo?

Isla parpadeó mirándola. Cuando se dio cuenta de quién estaba a su lado, se le puso el cuerpo rígido. Por un segundo, el miedo se le pintó en la cara. Ethan pensó que solo estaba asustada por la caída. Se acercó, hablando con el tono más suave que pudo:

—Isla, todo está bien. Aquí estoy.

Al escuchar su voz, Isla volteó a verlo con la cara pálida y preocupada.

—Ethan...

—Sí, aquí estoy. —Se sentó, con cuidado de no lastimarla, y le agarró la mano fría—. ¿Cómo te sientes?

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