Se pusieron a pensar en ideas.
—A ver... esto está difícil —revisó Lily—. Cubrebocas, lentes de sol, gorra; eso es lo básico. Pero para alguien de su nivel, no va a hacer mucho. Las seguidoras lo pueden reconocer por cómo es de cuerpo, por cómo camina... hasta por la forma de la nuca.
Amelia asintió. Justo en eso andaba pensando ella. La altura de Henry y ese aire de artista famoso que no se podía esconder lo hacían notar en cualquier lado.
—¿Entonces qué hacemos? ¿Lo metemos en una bolsa? —dijo Lily a medias en broma.
Amelia le echó una mirada.
—¿Crees que sea buena idea?
—Para nada —Lily sacudió la cabeza y se volvió a poner a pensar.
La casa rodante se quedó silenciosa un momento. De repente, a Lily se le encendieron los ojos como luces. Le agarró el brazo a Amelia, casi sacudiéndola de la emoción:
—¡Ya sé! ¡Amelia! ¿A poco sabes que hay una cosa que se llama... facekini?
—¿Face... qué? —Amelia frunció el ceño, sin entender nada.
—¡Face... ki... ni! —dijo Lily, remarcando bien la palabra—. ¡Es una cosa para el sol que usan las señoras mayores en la playa! ¡Se volvió tendencia de moda en todo el mundo!
Al ver que Amelia la seguía viendo sin entender, Lily no perdió el tiempo. Agarró su celular y buscó la palabra en una aplicación de compras. La pantalla que siguió hizo que a Amelia se le desencajara la mandíbula. Era un montón de... pasamontañas que solo dejaban ver los ojos, la nariz y la boca. Si solo fuera eso, hubiera estado bien, pero los estampados estaban muy locos: colores chillones, todo tipo de diseños. Había máscaras de circo, estampados de animales... hasta una con la cara de un hombre extraño impresa.
La foto no se veía muy bien, pero los colores estaban muy toscos: una sonrisa fingida y unos ojos oscuros y vacíos la hacían verse rara y dar mucha risa.

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