Las puertas del elevador se cerraron, cortando la figura de Amelia. Vince permaneció en la cabina pensativo; la sonrisa afable se le borró despacio del rostro, dando paso a una mirada de cálculo meticuloso. Amelia, la exesposa del mandamás de Grupo Rowe: ese dato resultaba mucho más jugoso que su nombramiento como directora creativa. A juzgar por el escándalo de hace un momento, el divorcio había terminado en una guerra sin cuartel.
¿Quién respaldaba a esa mujer repudiada para catapultarla a la cúpula de Stardale? La mente de Vince comenzó a trabajar a marchas forzadas; proveniente de un estrato humilde, había escalado peldaño a peldaño a base de pura astucia y una agudeza infalible para olfatear dónde radicaba el verdadero poder.
Casi al mismo tiempo, en la oficina de la presidencia en el piso más alto, el altercado del vestíbulo ya había llegado a oídos de Tim a través de la recepción:
—¿Ethan Rowe armando escándalos y acosando a nuestra directora en la mera entrada? —Tim frunció el ceño con disgusto al recibir el reporte; tenía claro que bajo su guardia nada malo podía ocurrirle a Amelia—. Descarguen las grabaciones de seguridad de la entrada principal de inmediato.
Segundos después, el video en alta definición se desplegó en el monitor: la pérdida de compostura de Ethan, la indignación de Amelia y la oportuna aparición de Vince se reprodujeron cuadro por cuadro. La mirada de Tim se afiló sobre la pantalla.
Vince Radcliffe. Lo conocía bien: el gerente más joven y capaz del área comercial, ambicioso y con talento de sobra. Sin embargo, la forma en que se había interpuesto para proteger a Amelia denotaba un interés que excedía la simple cortesía corporativa. En ese instante, el teléfono privado de Tim comenzó a sonar: era Mason.
—Hablando del rey de Roma —contestó Tim con tono socarrón—. Apenas la dejaste en la oficina por la mañana y ya te ganó la angustia.
—¿Cómo le fue en su primer día? ¿No le cargaste demasiados pendientes? —indagó Mason sin rodeos.
—Tranquilo. No le asigné tareas pesadas hoy, solo se dedicó a conocer al personal y revisar expedientes. ¿Qué pasa, te salió lo sobreprotector?
—No digas tonterías —atajó Mason con sequedad—. Solo me preocupa que sienta demasiada presión.
—¿Y de verdad no piensas venir a verla tú mismo?
Hubo un silencio breve antes de que Mason soltara una risa resignada:
—Si me aparezco por allá solo lograré que se sienta más vigilada, y eso no le conviene en este momento.
Tim suspiró para sus adentros y decidió meterle cizaña arrastrando las palabras:
—Vaya consideración la tuya. ¿No te da miedo que te coman el mandado? Te aviso que Amelia causó sensación en el edificio; ya hay varios haciendo fila para pretenderla. ¿Tan seguro estás de tu posición?

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