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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 411

—Es hermoso —dijo Amelia en voz baja. Luego preguntó, preocupada—: ¿Cómo está la pierna de Evan? ¿Va bien el tratamiento?

Mason parecía haberse resguardado del viento. El estruendo se apagó.

Giró la cámara hacia sí mismo.

La noche y la nieve que caía se convirtieron en su telón de fondo.

Bajo el tenue resplandor de la pantalla del celular, sus atractivas facciones se veían aún más definidas.

Algunos copos traviesos se posaron en su cabello y se derritieron casi al instante.

Miró a Amelia a través de la pantalla, con una mirada atenta y dulce.

—Está bien. Después de la revisión de esta tarde, comenzaron el primer tratamiento con agujas. Le dolió, pero Evan... aguantó.

Su voz bajó un poco, cargada de preocupación.

—Ahora está agotado y ya se quedó dormido.

El corazón de Amelia se encogió al escucharlo.

—¿Y tu mamá y Hayden? —preguntó.

—Están adentro viendo televisión —dijo Mason, con una sonrisa apenas visible, como un niño compartiendo un secreto—. Mi mamá se quedó con él para que no se aburriera. Así que... ninguno notó que estaba nevando afuera. Yo fui el primero en verlo.

La forma en que lo dijo parecía decirle: «Vi algo hermoso antes que nadie y quise compartirlo contigo».

Esa discreta sensación de ser la elegida le llenó el corazón de una calidez dulce, como si la hubieran bañado en miel.

Sonrió sin darse cuenta; sus ojos se curvaron con suavidad.

—Parece que pronto también nevará en la ciudad. Esta noche ya bajó la temperatura —dijo.

En ese momento, la voz de Nora llegó débilmente desde el interior de la casa a través del teléfono.

—¿Mason?

Amelia habló enseguida.

—Tu mamá te llama. Entra antes de que te resfríes. Yo también ya me voy a preparar para dormir.

—Está bien —respondió Mason.

No colgó de inmediato. La miró durante un largo momento y luego dijo:

—Por las noches hace más frío. Sube la calefacción y no te destapes mientras duermes.

—Lo sé —dijo Amelia con una sonrisa.

La llamada terminó, pero esta vez Amelia no se sintió sola en absoluto.

Dejó el celular con una sonrisa satisfecha y se preparó para acostarse.

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