Amelia sabía que el personal del hotel nunca se arriesgaría a enfadar a los Harlow rescatándola. En una situación así, la única persona que podría haberla alejado de Beatrice y de esos lobos hambrientos, e incluso haber conseguido que todo el personal del hospital ocultara su identidad, era Ethan, ¿no?
«¿Cerró la puerta y se marchó, pero volvió un momento después porque aún se sentía inquieto?».
Ese pensamiento cruzó su mente en menos de un segundo antes de que ella misma lo descartara. El frío y cruel mensaje de Ethan todavía estaba fresco en su memoria. Un hombre que la había humillado con palabras, incluso cuando ella le rogó ayuda, ¿cómo podría ser su salvador?
Él solo se mantendría al margen, esperando verla volver a él en un estado deplorable. A pesar de su debilidad, la mente de Amelia volvió a esa otra figura. Él siempre mostraba una sonrisa ligeramente cínica, pero la expresión en sus ojos y cejas transmitía una firme sensación de calma y confiabilidad.
Aparecía de forma inesperada cada vez que la maltrataban, interponiéndose para protegerla. Luego, alzaba una ceja y les decía a todos:
—Ella es mía. ¿Se atreven a tocarla?
«Pero… Esa escena no se ha repetido en 6 años».
Las lágrimas inundaron los ojos de Amelia. Los cerró con fuerza, intentando desesperadamente borrar esa imagen de su mente. Pero, a pesar de sus esfuerzos, aquellos recuerdos profundamente enterrados resurgían como un maremoto.
Habían transcurrido muchos años, pero aún no había podido librarse de esa costumbre. Sentada sola en la silenciosa habitación del hospital, Amelia al final logró serenarse después de un largo rato. Entonces, tomó su teléfono y buscó el número de Lily.
—¿Qué pasa? ¿Llamas tan tarde? —preguntó Lily, sorprendida.
—Lily… —La voz de Amelia seguía ronca—. Estoy en el hospital. ¿Puedes traerme ropa limpia?
—¿Qué? ¿En el hospital? Voy para allá.
Lily llegó rápido. Cuando Lily vio el rostro pálido, blanco como un fantasma, de Amelia y la vía intravenosa en su mano, la preocupación se apoderó de su expresión al instante. Después de escuchar la titubeante explicación de Amelia, el hermoso rostro de Lily se sonrojó de ira y espetó:
—¡Beatrice es una z*rra! ¿Es humana siquiera? Te arrastró para entretener a esos hombres repugnantes y te emborrachó delante de ellos. No voy a dejar pasar esto. Llamaremos a la policía, reuniremos pruebas… La meteré entre rejas.
Al ver a su amiga furiosa, Amelia sintió una pequeña oleada de calidez, pero solo negó con la cabeza, cansada.

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